“Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Porqué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? Respondiendo Jesús, les dijo:¿ Ni Aún esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” Lucas 6:1-5
Los fariseos nunca han dejado de existir. Son aquellas personas que viven para someter a otros a un sistema que requiere seguir formatos. Ellos hacen formatos de todo, una vez que tienen un formato buscan gente que se dedique en cuerpo y alma a seguir dichos formatos. Para ellos el formato lo es todo. Es su guía de vida y su manual de operación. Ay de aquél que no lleve a cabo los formatos en su vida.
Cuando ya tienes un formato establecido es muy fácil seguirlo, y es muy fácil identificar quién no lo sigue. Por eso es que para el fariseo el formato lo es todo.
En este pasaje vemos que Jesús y sus discípulos tuvieron hambre y cortaron espigas sin lavarse las manos, estaban unos fariseos observándolos y de inmediato los acusaron de no guardar el sábado.
Jesús con la misma Palabra les contestó lo que había hecho David. Y se enfocó directamente a Su Padre. Él estaba convencido que podía entrar a la “Casa de su Papá” y comer. ¡Era su casa!
Igual nosotros debemos caminar con plena certeza que podemos entrar a la casa de nuestro padre con plena confianza. No pensando en los protocolos. Mucho menos en los formatos. Es la casa de Papá y Él siempre nos dice “Bienvenidos”.
Los fariseos por lo general saben mucho de Dios, conocen muchos rasgos generales de Dios, es más enseñan de Él. Lo predican, pero hay un pero. No lo conocen, ni tienen una relación íntima con él. Y eso cambia todo.
La mejor forma de convertirse en un fariseo es llenarse de conocimiento de Dios sin conocerlo personalmente. Y por el contrario, el antídoto natural para evitar el fariseísmo es conocer personalmente a Cristo. De nada sirve mucho conocimiento si no lo conoces de manera personal, de nada sirven los institutos bíblicos sino se lleva una relación con Dios.
Dios no está buscando expertos en teología, está buscando hijos. A Dios le gusta cuando un hijo suyo lo busca sólo para decirle que tiene hambre y Dios le contesta “esta es tu casa, come lo que quieras”.
A veces después de tener un encuentro personal con Cristo, nuestra vida empieza a tomar un giro hacia el conocimiento. Aclaro tener conocimiento no es malo, es más creo que es necesario, pero lo que sí debemos tener cuidado es que no vayamos a intercambiar nuestra relación personal con Dios por conocimiento. La línea es muy delgada, porque como el tema es Dios, podemos pensar que esa es nuestra relación con Él. Puedes hablar de Dios sin conocerlo. Es mejor conocerlo para poder hablar de Él.
Armando Carrasco Z.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
Se trata de las estructuras. Lucas 5:36-39
“Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego del nuevo; porque dice El añejo es mejor.” Lucas 5:36-39
Del vino nuevo lo podemos seccionar en dos partes. Una parte en todos los movimientos de Dios que tiene dentro del cristianismo universal y la otra en Reformas.
La primera me refiero a revelaciones divinas que afectan a toda la Iglesia, que “afectan” en el buen sentido de la palabra. Por ejemplo, el hablar en lenguas. Fue una revelación por parte de Dios que afectó el cristianismo en su momento. Muchas denominaciones no lo aceptaron y todavía no lo hacen, por muchas razones, una de ellas, es que para poder practicar el hablar en lenguas tendían que cambiar ciertas estructuras. Y esa simple razón impidió que el hablar en lenguas se introdujera en la mayoría de las congregaciones. Entonces esas verdades que Dios revela cada determinado tiempo necesitan un cambio de estructuras para poder saborear ese vino nuevo. En este renglón podemos ver que las estructuras que hay que cambiar no implica el cambio de todo el odre en cuanto a estructura, sino más bien odre de contenido.
Pero la otra parte son las reformas. En una reforma es más enfático el punto del cambio de odres porque se refiere a todo el sistema estructural de la Iglesia, en esta parte los cambios deben ser más dramáticos y profundos, en este cambio de odres no se puede “parchar” los odres, no se pueden tomar ciertas verdades y acoplarlas a la estructura establecida.
Por eso es que la Reforma actual que está viviendo la Iglesia, es una reforma de estructura. Mira cuando Paul Yongi Cho tuvo tanto éxito con su crecimiento “celular”, aquél de tener una reunión general y tener reuniones pequeñas en casa. Entonces la mayoría de las Iglesias del mundo quisieron imitar el modelo y lo adecuaron a la estructura de la iglesia y pasaron los años y no funcionó, sólo se quedó como una actividad extra de la iglesia. Por una sencilla razón. Se tenían que cambiar estructuras. La reforma actual de Iglesia requiere un cambio dramático de estructuras. No es suficiente con adoptar tendencias o modas para estar “a la vanguardia”, se requiere una estructuración nueva desde sus cimientos.
La Reforma actual es de estructuras. Principalmente la de cambiar el sistema sacerdotal a la del sistema del nuevo pacto. La iglesia adoptó un sistema sacerdotal que no ha sido quitado de la Iglesia. Lutero hizo un cambio de contenido pero dejó las estructuras sacerdotales. Y sobre esas estructuras sacerdotales se ha edificado la Iglesia por mucho tiempo.
Para poder entrar a la Reforma actual de Dios es necesario tirar todos los cimientos del sacerdocio unilateral para poder poner cimientos de sacerdocio de la Iglesia. No hay línea divisoria entre laicos y ministros. En el momento que hay profesionales para encargarse de los asuntos de Dios, en ese momento se relega el verdadero fundamento de la Iglesia, que es Cristo como Señor de ella. En el antiguo testamento se requería que una persona especial se encargara de los asuntos de Dios, pero en el nuevo pacto se nos enseña que cada uno de nosotros tenemos accesos directo a la presencia de nuestro Dios.
Esto no está peleado con las diversas funciones del cuerpo, en el que hay apóstoles, profetas, evangelistas pastores y maestros, sino que se manejan por función y no por título. Ellos son tan iguales como los otros cristianos. Lo único es que su función es diferente, no especial sino diferente.
Si queremos entrar en la nueva Reforma de Dios, tenemos que estar preparados para cambios radicales de estructuras.
Armando Carrasco Z.
Del vino nuevo lo podemos seccionar en dos partes. Una parte en todos los movimientos de Dios que tiene dentro del cristianismo universal y la otra en Reformas.
La primera me refiero a revelaciones divinas que afectan a toda la Iglesia, que “afectan” en el buen sentido de la palabra. Por ejemplo, el hablar en lenguas. Fue una revelación por parte de Dios que afectó el cristianismo en su momento. Muchas denominaciones no lo aceptaron y todavía no lo hacen, por muchas razones, una de ellas, es que para poder practicar el hablar en lenguas tendían que cambiar ciertas estructuras. Y esa simple razón impidió que el hablar en lenguas se introdujera en la mayoría de las congregaciones. Entonces esas verdades que Dios revela cada determinado tiempo necesitan un cambio de estructuras para poder saborear ese vino nuevo. En este renglón podemos ver que las estructuras que hay que cambiar no implica el cambio de todo el odre en cuanto a estructura, sino más bien odre de contenido.
Pero la otra parte son las reformas. En una reforma es más enfático el punto del cambio de odres porque se refiere a todo el sistema estructural de la Iglesia, en esta parte los cambios deben ser más dramáticos y profundos, en este cambio de odres no se puede “parchar” los odres, no se pueden tomar ciertas verdades y acoplarlas a la estructura establecida.
Por eso es que la Reforma actual que está viviendo la Iglesia, es una reforma de estructura. Mira cuando Paul Yongi Cho tuvo tanto éxito con su crecimiento “celular”, aquél de tener una reunión general y tener reuniones pequeñas en casa. Entonces la mayoría de las Iglesias del mundo quisieron imitar el modelo y lo adecuaron a la estructura de la iglesia y pasaron los años y no funcionó, sólo se quedó como una actividad extra de la iglesia. Por una sencilla razón. Se tenían que cambiar estructuras. La reforma actual de Iglesia requiere un cambio dramático de estructuras. No es suficiente con adoptar tendencias o modas para estar “a la vanguardia”, se requiere una estructuración nueva desde sus cimientos.
La Reforma actual es de estructuras. Principalmente la de cambiar el sistema sacerdotal a la del sistema del nuevo pacto. La iglesia adoptó un sistema sacerdotal que no ha sido quitado de la Iglesia. Lutero hizo un cambio de contenido pero dejó las estructuras sacerdotales. Y sobre esas estructuras sacerdotales se ha edificado la Iglesia por mucho tiempo.
Para poder entrar a la Reforma actual de Dios es necesario tirar todos los cimientos del sacerdocio unilateral para poder poner cimientos de sacerdocio de la Iglesia. No hay línea divisoria entre laicos y ministros. En el momento que hay profesionales para encargarse de los asuntos de Dios, en ese momento se relega el verdadero fundamento de la Iglesia, que es Cristo como Señor de ella. En el antiguo testamento se requería que una persona especial se encargara de los asuntos de Dios, pero en el nuevo pacto se nos enseña que cada uno de nosotros tenemos accesos directo a la presencia de nuestro Dios.
Esto no está peleado con las diversas funciones del cuerpo, en el que hay apóstoles, profetas, evangelistas pastores y maestros, sino que se manejan por función y no por título. Ellos son tan iguales como los otros cristianos. Lo único es que su función es diferente, no especial sino diferente.
Si queremos entrar en la nueva Reforma de Dios, tenemos que estar preparados para cambios radicales de estructuras.
Armando Carrasco Z.
lunes, 9 de noviembre de 2009
¿De qué cosecha eres? Lucas 5:36-39
“Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego del nuevo; porque dice El añejo es mejor.” Lucas 5:36-39
La parte final de este pasaje es reveladora para entender algunos aspectos de la religiosidad. El hombre es un ser de costumbres, de todo hace una costumbre, por inercia lo hacemos. En todas las áreas de nuestra vida. Desde las cosas más simples hasta las más complicadas. Por ejemplo hacemos nuestra ruta para ir al trabajo y nos habituamos tanto a esa ruta que muchas veces cuando tenemos que ir a otro lado la inercia de la costumbre nos lleva por la ruta que hemos hecho un hábito. Las empresas hacen procesos de trabajo para mejorar la calidad y eficientar la producción, pero genera una forma de vida habitual que provoca que el personal haga su trabajo de manera mecánica. Y todos están felices, el trabajador la empresa.
Todo esto está muy bien. Pero cuando hay que hacer un cambio, todos explotan, porque por años han hechos las cosas de una manera y están habituados a trabajar de una manera y de una forma. Decir cambio para muchos es la peor tragedia que puede pasarles, para otros les da flojera para otros es un pretexto de rebelarse, en fin, cuando aparece en el horizonte la palabra cambio, entonces sale a relucir lo mucho que el hombre se habitúa a las costumbres.
En el cristianismo es igual. La gente cuando conoce a Jesucristo como su Señor y su Salvador, sin que se lo proponga empieza a vivir su vida de acuerdo a nuevos patrones de vida. Que con el paso del tiempo se convierten en hábitos y costumbres de vida. Y cuando aparece la palabra cambio se resisten al grado que se atreven a decir: “el vino añejo es mejor”, “Las cosas que hemos hecho desde hace mucho tiempo son mejores de lo que Dios está haciendo ahora”. Prefieren quedarse con un viejo vino por no cambiar sus viejas estructuras. Si para ellos disfrutar del vino nuevo es romper con sus estructuras pasadas, prefieren entonces, quedarse con el vino añejo y abiertamente dicen “este vino es el mejor para qué cambiar”.
Y Dios los respeta. y les sigue enviando el vino que su odre puede contener. Como dijimos en el pasaje anterior, Dios nunca les va a dejar de mandar su vino. Su odre tiene la capacidad de contender el vino que Dios les ha dado.
Pero si una persona quiere vino nuevo. Tendrá que sobreponerse a los cambios. Y entrar en el periodo de transición. Prepararse mental y espiritualmente para los cambios que suceden en el cambio de odre. No es fácil. Hay formatos en nuestro cristianismo que nos definen. Mucho de las estructuras que tenemos, se han impregnado tanto en nosotros que forman parte de nuestra vida. Y cuando nos enfrentamos a cambiar de odres, nos enfrentamos con asuntos de nuestra vida misma.
La estructura es tan importante como el vino. De primera instancia tendemos a decir “El vino es más importante que la estructura” pero cuando entendemos que sin la estructura no podemos tener vino, nos damos cuenta que el vino y el odre son inseparables. El vino conforma al odre y el odre indica el vino.
La pregunta es ¿de qué cosecha eres? ¿Cuál es el vino que contiene tu odre? ¿Tu estructura tiene la capacidad real de contener la verdad presente de Dios? Dime tu odre y te diré qué vino tienes. Puedes hablar mucho del vino nuevo. Pero otra cosa es saborear del vino nuevo.
Armando Carrasco Z
La parte final de este pasaje es reveladora para entender algunos aspectos de la religiosidad. El hombre es un ser de costumbres, de todo hace una costumbre, por inercia lo hacemos. En todas las áreas de nuestra vida. Desde las cosas más simples hasta las más complicadas. Por ejemplo hacemos nuestra ruta para ir al trabajo y nos habituamos tanto a esa ruta que muchas veces cuando tenemos que ir a otro lado la inercia de la costumbre nos lleva por la ruta que hemos hecho un hábito. Las empresas hacen procesos de trabajo para mejorar la calidad y eficientar la producción, pero genera una forma de vida habitual que provoca que el personal haga su trabajo de manera mecánica. Y todos están felices, el trabajador la empresa.
Todo esto está muy bien. Pero cuando hay que hacer un cambio, todos explotan, porque por años han hechos las cosas de una manera y están habituados a trabajar de una manera y de una forma. Decir cambio para muchos es la peor tragedia que puede pasarles, para otros les da flojera para otros es un pretexto de rebelarse, en fin, cuando aparece en el horizonte la palabra cambio, entonces sale a relucir lo mucho que el hombre se habitúa a las costumbres.
En el cristianismo es igual. La gente cuando conoce a Jesucristo como su Señor y su Salvador, sin que se lo proponga empieza a vivir su vida de acuerdo a nuevos patrones de vida. Que con el paso del tiempo se convierten en hábitos y costumbres de vida. Y cuando aparece la palabra cambio se resisten al grado que se atreven a decir: “el vino añejo es mejor”, “Las cosas que hemos hecho desde hace mucho tiempo son mejores de lo que Dios está haciendo ahora”. Prefieren quedarse con un viejo vino por no cambiar sus viejas estructuras. Si para ellos disfrutar del vino nuevo es romper con sus estructuras pasadas, prefieren entonces, quedarse con el vino añejo y abiertamente dicen “este vino es el mejor para qué cambiar”.
Y Dios los respeta. y les sigue enviando el vino que su odre puede contener. Como dijimos en el pasaje anterior, Dios nunca les va a dejar de mandar su vino. Su odre tiene la capacidad de contender el vino que Dios les ha dado.
Pero si una persona quiere vino nuevo. Tendrá que sobreponerse a los cambios. Y entrar en el periodo de transición. Prepararse mental y espiritualmente para los cambios que suceden en el cambio de odre. No es fácil. Hay formatos en nuestro cristianismo que nos definen. Mucho de las estructuras que tenemos, se han impregnado tanto en nosotros que forman parte de nuestra vida. Y cuando nos enfrentamos a cambiar de odres, nos enfrentamos con asuntos de nuestra vida misma.
La estructura es tan importante como el vino. De primera instancia tendemos a decir “El vino es más importante que la estructura” pero cuando entendemos que sin la estructura no podemos tener vino, nos damos cuenta que el vino y el odre son inseparables. El vino conforma al odre y el odre indica el vino.
La pregunta es ¿de qué cosecha eres? ¿Cuál es el vino que contiene tu odre? ¿Tu estructura tiene la capacidad real de contener la verdad presente de Dios? Dime tu odre y te diré qué vino tienes. Puedes hablar mucho del vino nuevo. Pero otra cosa es saborear del vino nuevo.
Armando Carrasco Z
lunes, 2 de noviembre de 2009
Hablando de las estructuras. Lucas 5:36-38
“Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan.” Lucas 5:36-38
Este es uno de los pasajes que más han revolucionado mi vida. El impacto sobre mi, empezó hace años y todavía hoy después de 7 años, todavía sigue activo. Creo que es un pasaje que prepara el terreno para destrucción y edificación de cimientos.
En el pasaje anterior vimos que Jesús les hablaba de los tiempos para hacer las cosas, vimos que Juan inició un mover de Dios muy impactante para su época y con muchos frutos. Y vimos que todo mover tiene su tiempo. Y en este pasaje vemos que sigue hablando de lo mismo, pero ahora más enfocado y más directo.
En ese momento Jesús se estaba refiriendo al nuevo pacto en relación al antiguo pacto. Les estaba diciendo que el nuevo pacto no podía ser contenido en las estructuras del antiguo pacto. La gente del antiguo pacto al ver a Jesús intentaba meterlo de inmediato a las estructuras del sistema sacerdotal.
Inmediatamente Jesús pone las cosas en orden y les deja bien claro que es imposible combinar vino nuevo con odres viejos. El vino viejo se echa en odres viejos y el vino nuevo se echa en odres nuevos. La gente de esa época no entendían que se estaba formando un vino nuevo que estaba buscando nuevos odres.
Si tú compras una casa y quieres hacer un edificio de 30 pisos, no puedes usar los cimientos de la casa para levantar el edificio, debes tirar la casa y tirar los cimientos y levantar nuevos fundamentos y edificar el edificio nuevo.
Cuando Dios derrama vino nuevo, no se puede vaciar en odres viejos, entendamos que el vino son verdades presentes y moveres de Dios y los odres son estructuras físicas y organizacionales. Cuando Dios empieza un mover forma odres que tengan la capacidad de contener las verdades que Dios está revelando.
Cada odre tiene una clase de vino, el vino le da forma al odre y el odre nos puede señalar el vino que contiene. Pero a los odres que ya están conformados para un determinado vino no se le puede echar vino nuevo. Por eso cuando hay un mover de Dios y una congregación con un determinado odre quiere “implementar” el vino nuevo, simplemente no puede. Es imposible. Cuando se quiere disfrutar el vino nuevo solo hay un camino: crear odres nuevos. Es exactamente igual que el ejemplo de la casa. Necesitas tirar todo. TODO. Y empezar de nuevo. Es demasiado trabajo, es demasiado costoso. Pero vale la pena.
Dios no quiere destruir odres viejos, pero tampoco quiere derrochar el vino nuevo, a los que tienen sus odres establecidos les sirve el vino para el cual fueron hechos. Nunca les va a faltar su vino. Pero sólo podrán disfrutar del vino que pueden contener. Ahora bien, yo creo que Dios nunca deja de producir vinos, por lo que debemos aprender a hacer cambios dramáticos si queremos estar siempre disfrutando del vino más nuevo de Dios.
En el caso de Dios, es al contrario de lo que sucede con el vino de uva. El nuevo es mejor que el añejo. En Dios el mejor vino se sirve al último.
Armando Carrasco Z.
Este es uno de los pasajes que más han revolucionado mi vida. El impacto sobre mi, empezó hace años y todavía hoy después de 7 años, todavía sigue activo. Creo que es un pasaje que prepara el terreno para destrucción y edificación de cimientos.
En el pasaje anterior vimos que Jesús les hablaba de los tiempos para hacer las cosas, vimos que Juan inició un mover de Dios muy impactante para su época y con muchos frutos. Y vimos que todo mover tiene su tiempo. Y en este pasaje vemos que sigue hablando de lo mismo, pero ahora más enfocado y más directo.
En ese momento Jesús se estaba refiriendo al nuevo pacto en relación al antiguo pacto. Les estaba diciendo que el nuevo pacto no podía ser contenido en las estructuras del antiguo pacto. La gente del antiguo pacto al ver a Jesús intentaba meterlo de inmediato a las estructuras del sistema sacerdotal.
Inmediatamente Jesús pone las cosas en orden y les deja bien claro que es imposible combinar vino nuevo con odres viejos. El vino viejo se echa en odres viejos y el vino nuevo se echa en odres nuevos. La gente de esa época no entendían que se estaba formando un vino nuevo que estaba buscando nuevos odres.
Si tú compras una casa y quieres hacer un edificio de 30 pisos, no puedes usar los cimientos de la casa para levantar el edificio, debes tirar la casa y tirar los cimientos y levantar nuevos fundamentos y edificar el edificio nuevo.
Cuando Dios derrama vino nuevo, no se puede vaciar en odres viejos, entendamos que el vino son verdades presentes y moveres de Dios y los odres son estructuras físicas y organizacionales. Cuando Dios empieza un mover forma odres que tengan la capacidad de contener las verdades que Dios está revelando.
Cada odre tiene una clase de vino, el vino le da forma al odre y el odre nos puede señalar el vino que contiene. Pero a los odres que ya están conformados para un determinado vino no se le puede echar vino nuevo. Por eso cuando hay un mover de Dios y una congregación con un determinado odre quiere “implementar” el vino nuevo, simplemente no puede. Es imposible. Cuando se quiere disfrutar el vino nuevo solo hay un camino: crear odres nuevos. Es exactamente igual que el ejemplo de la casa. Necesitas tirar todo. TODO. Y empezar de nuevo. Es demasiado trabajo, es demasiado costoso. Pero vale la pena.
Dios no quiere destruir odres viejos, pero tampoco quiere derrochar el vino nuevo, a los que tienen sus odres establecidos les sirve el vino para el cual fueron hechos. Nunca les va a faltar su vino. Pero sólo podrán disfrutar del vino que pueden contener. Ahora bien, yo creo que Dios nunca deja de producir vinos, por lo que debemos aprender a hacer cambios dramáticos si queremos estar siempre disfrutando del vino más nuevo de Dios.
En el caso de Dios, es al contrario de lo que sucede con el vino de uva. El nuevo es mejor que el añejo. En Dios el mejor vino se sirve al último.
Armando Carrasco Z.
jueves, 29 de octubre de 2009
Los tiempos, la clave. Lucas 5:33
“Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y así mismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Él les dijo ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.” Lucas 5:33
Hay un dicho que dice “Todo es cuestión de tiempo” y tiene más sabiduría que lo que aparenta tener. En este pasaje lo vemos perfectamente. Las personas religiosas pueden ser muy exactas en su apreciación de cómo se hacen las cosas pero pierden de vista el cuándo se hacen las cosas.
En muchas ocasiones hacer ciertas cosas no es lo que está mal, sino el tiempo en el que se hacen es lo que está bien o mal. El tiempo es el factor clave de cualquier mover de Dios. Poder identificar de manera precisa los tiempos de Dios es de las cosas que mayor prioridad debe tener nuestra vida.
En 1 de Crónicas 12:32 dice “De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos.” Estas personas entendían los tiempos. Ellos sabían cuándo se debían hacer las cosas. ellos sabían los tiempos de Dios. Estaban perfectamente sintonizados a sus tiempos. Esta es la parte clave para salir de la religiosidad. Entender los tiempos. La religiosidad genera ambientes donde todo se estanca. Todo se detiene, hay actividad pero no se avanza, hay programas pero no sucede nada de trascendencia, hay predicaciones, oraciones, cantos, pero el ambiente sigue igual. Y cuando se encuentra una beta donde Dios se está moviendo se sacude todo el mundo, hasta el pequeño mundo creado por los cristianos que detuvieron el tiempo con activismo. Todo el mundo voltea a ver el mover de Dios y le dicen a la gente que se está moviendo con Él…¿por qué no haces las cosas como se han hecho desde hace muchos años?
Jesús les responde ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Exactamente lo mismo, les habla de los tiempos, hay momentos que no son para ayunar. Pero cuando somos envueltos en un manto de religiosidad, tendemos a perder de vista todo y queremos ayunar sólo porque así se ha echo por años.
El primer síntoma grave de ser religiosos es dejar de entender los tiempos. En todo su alcance. Cuando no tenemos la capacidad de entender los tiempos perdemos también la capacidad de estar con nuestro amado Dios. Simplemente porque nuestras fuerzas están enfocadas a hacer cosas, y no de saber dónde está Él. Entender los tiempos es nuestra brújula para localizar a Dios.
En este caso no tiene nada que ver la intención, todos los cristianos pueden tener la mejor de las intenciones pero si no entienden los tiempos y lo que está haciendo Dios, no podrán caminar a su lado, podrán ir atrás de Él, podrán ir adelantados, pero no podrán caminar a su lado. No entender no te quita el apellido, no entender no te excluye de su Reino, no entender sí te limita de ver las cosas que Dios está haciendo en el presente.
Jesús no les estaba diciendo si estaba bien ayunar o no ayunar, lo que les estaba enfatizando era que no era el tiempo de ayunar. Infinidad de veces nos sucede que nos ponemos a discutir doctrinas, moveres, teorías, y nos perdemos en discusiones interminables, que no nos hacen más que alejarnos de donde se está moviendo Dios. Cuando una doctrina te desvía de los tiempos de Dios, es mejor dejar descansar esa doctrina por un tiempo y ponerse a orar y buscar dónde perdimos el camino. Dios es más importante que toda doctrina. Dios es más importante que todo congreso, que toda reunión, Dios es lo importante, no hay otra cosa más importante que Él.
Armando Carrasco Z.
Hay un dicho que dice “Todo es cuestión de tiempo” y tiene más sabiduría que lo que aparenta tener. En este pasaje lo vemos perfectamente. Las personas religiosas pueden ser muy exactas en su apreciación de cómo se hacen las cosas pero pierden de vista el cuándo se hacen las cosas.
En muchas ocasiones hacer ciertas cosas no es lo que está mal, sino el tiempo en el que se hacen es lo que está bien o mal. El tiempo es el factor clave de cualquier mover de Dios. Poder identificar de manera precisa los tiempos de Dios es de las cosas que mayor prioridad debe tener nuestra vida.
En 1 de Crónicas 12:32 dice “De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos.” Estas personas entendían los tiempos. Ellos sabían cuándo se debían hacer las cosas. ellos sabían los tiempos de Dios. Estaban perfectamente sintonizados a sus tiempos. Esta es la parte clave para salir de la religiosidad. Entender los tiempos. La religiosidad genera ambientes donde todo se estanca. Todo se detiene, hay actividad pero no se avanza, hay programas pero no sucede nada de trascendencia, hay predicaciones, oraciones, cantos, pero el ambiente sigue igual. Y cuando se encuentra una beta donde Dios se está moviendo se sacude todo el mundo, hasta el pequeño mundo creado por los cristianos que detuvieron el tiempo con activismo. Todo el mundo voltea a ver el mover de Dios y le dicen a la gente que se está moviendo con Él…¿por qué no haces las cosas como se han hecho desde hace muchos años?
Jesús les responde ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Exactamente lo mismo, les habla de los tiempos, hay momentos que no son para ayunar. Pero cuando somos envueltos en un manto de religiosidad, tendemos a perder de vista todo y queremos ayunar sólo porque así se ha echo por años.
El primer síntoma grave de ser religiosos es dejar de entender los tiempos. En todo su alcance. Cuando no tenemos la capacidad de entender los tiempos perdemos también la capacidad de estar con nuestro amado Dios. Simplemente porque nuestras fuerzas están enfocadas a hacer cosas, y no de saber dónde está Él. Entender los tiempos es nuestra brújula para localizar a Dios.
En este caso no tiene nada que ver la intención, todos los cristianos pueden tener la mejor de las intenciones pero si no entienden los tiempos y lo que está haciendo Dios, no podrán caminar a su lado, podrán ir atrás de Él, podrán ir adelantados, pero no podrán caminar a su lado. No entender no te quita el apellido, no entender no te excluye de su Reino, no entender sí te limita de ver las cosas que Dios está haciendo en el presente.
Jesús no les estaba diciendo si estaba bien ayunar o no ayunar, lo que les estaba enfatizando era que no era el tiempo de ayunar. Infinidad de veces nos sucede que nos ponemos a discutir doctrinas, moveres, teorías, y nos perdemos en discusiones interminables, que no nos hacen más que alejarnos de donde se está moviendo Dios. Cuando una doctrina te desvía de los tiempos de Dios, es mejor dejar descansar esa doctrina por un tiempo y ponerse a orar y buscar dónde perdimos el camino. Dios es más importante que toda doctrina. Dios es más importante que todo congreso, que toda reunión, Dios es lo importante, no hay otra cosa más importante que Él.
Armando Carrasco Z.
martes, 20 de octubre de 2009
Siempre con Él. Lucas 5:33
“Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y así mismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?” Lucas 5:33
Es impresionante cómo se repite la historia vez tras vez. Empecemos por un hecho en particular, Juan en su momento representó todo un mover de Dios, todo un avivamiento. La gran mayoría de las personas de Jerusalén sabían quién era Juan. Fue un hombre de Dios importante en su momento. Hizo cosas que dejaron boquiabiertos a muchos.
Inclusive trajo nuevos conceptos, como el del bautismo. Era algo que se manifestó en ese mover de Dios. Recordemos que Juan tuvo un propósito bien específico, y era el de preparar el camino a Jesucristo, hizo toda una revolución en su momento.
Ahora bien, cuando llega Jesús trae consigo un nuevo mover de Dios. Con muchas cosas nuevas que la gente que vio lo que hacía Juan se quedaba boquiabierta, y tanto era su asombro que le preguntaron: ¿por qué tus discípulos no hacen lo mismo que hace Juan? Primero la gente se asombró con lo que hizo Juan pero después lo aceptó y lo institucionalizó. Lo hicieron regla, lo hicieron ley. Entonces cuando ven a Jesús hacer cosas diferentes pues lo relacionan con lo que ya conocían. Y fijémonos bien en este detalle; la gente relaciona lo que hacía Juan con lo que hacían también los fariseos. Los pone al mismo nivel. Una vez que la gente se acostumbra a la que Dios ha traído nuevo a la tierra lo hace religión. Los fariseos en ese entonces eran los religiosos de su época y Juan era la contraparte, pero en este momento de la historia la gente los pone en el mismo nivel.
Actualmente nos pasa lo mismo, cuando Dios trae un nuevo mover a la Tierra, al principio es tan novedoso que ofende hasta los mismos cristianos, pero con el paso del tiempo ya no espanta a nadie porque los mismos cristianos institucionalizan el mover de Dios lo meten en cuatro paredes, en lineamientos y reglas y termina por convertirse en una religión.
La gente cuando ve algo que Dios está haciendo nuevo lo primero que preguntan es que por qué no se hacen las cosas como se hacían antes, o por qué no se hacen las cosas como las hace tal o cual persona. Por la sencilla razón de que la gente hace muy fácil de un mover de Dios una religión.
La tendencia del hombre siempre es buscar caminos rutinarios que le faciliten las cosas. para el hombre es más fácil recorrer un camino ya hecho que abrir camino, mucho menos andar un camino en el que diario hay que hacer brecha.
Dios es un Dios de cambios. Y nosotros debemos ser hijos de cambios, acostumbrados a ellos. Esa debe ser nuestra forma natural de vivir. Buscar dónde se está moviendo Dios para movernos con Él. Los militares son removidos constantemente en diversas partes de la república y en algunos ejércitos, del mundo, los hijos de militares cambian tanto de ciudades y de escuelas que se crean con una cultura de cambio. No sólo están preparados al cambio, sino que están habituados al cambio. Cuando se estacionan más de un tiempo en algo, buscan la forma de cambiar. No pueden acostumbrarse a vivir rutinas. Habrá sus excepciones, como en todo, pero es un ejemplo claro de lo que debemos buscar. Nosotros somos hijos de un Dios militar, de un Dios guerrero. Y nosotros como sus hijos debemos estar habituados a los cambios.
Nuestra pregunta diaria debe ser: ¿dónde estás Dios? Porque quiero estar allí. Perfectamente a tu lado. En las mismas coordenadas al mismo tiempo. En ningún otro lugar. Siempre contigo.
Armando Carrasco Z
Es impresionante cómo se repite la historia vez tras vez. Empecemos por un hecho en particular, Juan en su momento representó todo un mover de Dios, todo un avivamiento. La gran mayoría de las personas de Jerusalén sabían quién era Juan. Fue un hombre de Dios importante en su momento. Hizo cosas que dejaron boquiabiertos a muchos.
Inclusive trajo nuevos conceptos, como el del bautismo. Era algo que se manifestó en ese mover de Dios. Recordemos que Juan tuvo un propósito bien específico, y era el de preparar el camino a Jesucristo, hizo toda una revolución en su momento.
Ahora bien, cuando llega Jesús trae consigo un nuevo mover de Dios. Con muchas cosas nuevas que la gente que vio lo que hacía Juan se quedaba boquiabierta, y tanto era su asombro que le preguntaron: ¿por qué tus discípulos no hacen lo mismo que hace Juan? Primero la gente se asombró con lo que hizo Juan pero después lo aceptó y lo institucionalizó. Lo hicieron regla, lo hicieron ley. Entonces cuando ven a Jesús hacer cosas diferentes pues lo relacionan con lo que ya conocían. Y fijémonos bien en este detalle; la gente relaciona lo que hacía Juan con lo que hacían también los fariseos. Los pone al mismo nivel. Una vez que la gente se acostumbra a la que Dios ha traído nuevo a la tierra lo hace religión. Los fariseos en ese entonces eran los religiosos de su época y Juan era la contraparte, pero en este momento de la historia la gente los pone en el mismo nivel.
Actualmente nos pasa lo mismo, cuando Dios trae un nuevo mover a la Tierra, al principio es tan novedoso que ofende hasta los mismos cristianos, pero con el paso del tiempo ya no espanta a nadie porque los mismos cristianos institucionalizan el mover de Dios lo meten en cuatro paredes, en lineamientos y reglas y termina por convertirse en una religión.
La gente cuando ve algo que Dios está haciendo nuevo lo primero que preguntan es que por qué no se hacen las cosas como se hacían antes, o por qué no se hacen las cosas como las hace tal o cual persona. Por la sencilla razón de que la gente hace muy fácil de un mover de Dios una religión.
La tendencia del hombre siempre es buscar caminos rutinarios que le faciliten las cosas. para el hombre es más fácil recorrer un camino ya hecho que abrir camino, mucho menos andar un camino en el que diario hay que hacer brecha.
Dios es un Dios de cambios. Y nosotros debemos ser hijos de cambios, acostumbrados a ellos. Esa debe ser nuestra forma natural de vivir. Buscar dónde se está moviendo Dios para movernos con Él. Los militares son removidos constantemente en diversas partes de la república y en algunos ejércitos, del mundo, los hijos de militares cambian tanto de ciudades y de escuelas que se crean con una cultura de cambio. No sólo están preparados al cambio, sino que están habituados al cambio. Cuando se estacionan más de un tiempo en algo, buscan la forma de cambiar. No pueden acostumbrarse a vivir rutinas. Habrá sus excepciones, como en todo, pero es un ejemplo claro de lo que debemos buscar. Nosotros somos hijos de un Dios militar, de un Dios guerrero. Y nosotros como sus hijos debemos estar habituados a los cambios.
Nuestra pregunta diaria debe ser: ¿dónde estás Dios? Porque quiero estar allí. Perfectamente a tu lado. En las mismas coordenadas al mismo tiempo. En ningún otro lugar. Siempre contigo.
Armando Carrasco Z
lunes, 12 de octubre de 2009
Vámonos al mundo. Lucas 5:27-28
“Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino pecadores al arrepentimiento.” Lucas 5:27-28
Cuando leemos estas líneas por primera vez nos indignamos y criticamos a los fariseos y a los escribas. Pensamos que estaban totalmente ciegos. Pero cuando nos va pasando el tiempo, cuando ya llevamos algunos años de cristianos, empezamos a dejar formar en nosotros una personalidad farisea. Todo el mundo que nos rodea es “cristiano”, nuestros amigos, nuestros compañeros, la escuela de nuestros hijos, los deportes, los tiempos de esparcimiento, y a veces hasta nuestro trabajo, hacemos una burbuja “cristiana” aislándonos completamente del mundo y empezamos a criticar a aquellos que se relacionan en el mundo.
Estamos completamente aislados y no tenemos ninguna influencia sobre los que tienen una necesidad de Dios. Estamos en nuestro “mundito” y perdemos la capacidad de entender que Dios nos ha puesto en este mundo para darle sazón y de alterar el curso de la historia, cosas que no podemos hacer desde una burbuja cristiana.
El factor común con los fariseos de los tiempos de Jesús y los fariseos actuales es que se creen buenos y perfectos. Creen que son tan santos que no pueden mezclarse con la chusma. Y empieza un espíritu de crítica que los hace perder una correcta perspectiva de la vida y del mundo real y lo peor pierden de vista al Reino.
Creo que una buena forma de alterar el curso de la historia de nuestra familia, colonia y ciudad es ir a ellos, a los perdidos a los que se les llama comilones y bebedores. No debemos hacer lo que ellos hacen pero sí debemos ir a donde ellos están. No podemos aceptarles emborracharnos con ellos pero cuando tengamos la oportunidad debemos predicarles y presentarles el mensaje del Reino y de la Gracia.
No podemos traer a todo el mundo a la Iglesia, más bien debemos llevar al mundo la Iglesia. Son tiempos en que la Iglesia debe ir al mundo. Debe Ir en una búsqueda de todos aquellos que están necesitados de Dios. Sin importar quién nos critique. Esto no es carta abierta para que los jóvenes se metan a centros de Table Dance a predicarles a las chicas. Eso tampoco estoy diciendo. Lo que estoy diciendo es que nos salgamos un poco de nuestras burbujas cristianas para poder alcanzar a los perdidos.
Yo creo que en esa mesa de Leví había gente con fama de borracha y de vidas desenfrenadas. Es más no dudaría que había gente que estaba tomando alcohol. Pero Cristo se estaba acercando a ellos para sanarlos. Los fariseos se creían tan justos que pensaban que no necesitaban de nadie para ser “más santos”.
Tengamos mucho cuidado que una vez que ya entregamos nuestra vida a Cristo creamos que somos tan santos que no podemos relacionarnos con los pecadores. Ciertamente somos santos, tanto que podemos relacionarnos de cerca con nuestro Padre. Pero es necesario llevar esa santidad a otros, estén donde estén. Porque una cosa es ser santo y otra muy diferente es creer que por relacionarnos con pecadores nos vamos a manchar de sus pecados. Su pecado no tiene la fuerza para mancharnos, pero nuestra santidad si tiene la fuerza para convertirlos.
Quiero enfatizarlo; no estoy diciendo que debemos ir a lugares promiscuos a evangelizar. Estoy diciendo que debemos de salir de nuestras cuatro paredes de “protección santa” y debemos relacionarnos con el mundo con el objetivo de presentarles las buenas nuevas.
Armando Carrasco Zamora
Cuando leemos estas líneas por primera vez nos indignamos y criticamos a los fariseos y a los escribas. Pensamos que estaban totalmente ciegos. Pero cuando nos va pasando el tiempo, cuando ya llevamos algunos años de cristianos, empezamos a dejar formar en nosotros una personalidad farisea. Todo el mundo que nos rodea es “cristiano”, nuestros amigos, nuestros compañeros, la escuela de nuestros hijos, los deportes, los tiempos de esparcimiento, y a veces hasta nuestro trabajo, hacemos una burbuja “cristiana” aislándonos completamente del mundo y empezamos a criticar a aquellos que se relacionan en el mundo.
Estamos completamente aislados y no tenemos ninguna influencia sobre los que tienen una necesidad de Dios. Estamos en nuestro “mundito” y perdemos la capacidad de entender que Dios nos ha puesto en este mundo para darle sazón y de alterar el curso de la historia, cosas que no podemos hacer desde una burbuja cristiana.
El factor común con los fariseos de los tiempos de Jesús y los fariseos actuales es que se creen buenos y perfectos. Creen que son tan santos que no pueden mezclarse con la chusma. Y empieza un espíritu de crítica que los hace perder una correcta perspectiva de la vida y del mundo real y lo peor pierden de vista al Reino.
Creo que una buena forma de alterar el curso de la historia de nuestra familia, colonia y ciudad es ir a ellos, a los perdidos a los que se les llama comilones y bebedores. No debemos hacer lo que ellos hacen pero sí debemos ir a donde ellos están. No podemos aceptarles emborracharnos con ellos pero cuando tengamos la oportunidad debemos predicarles y presentarles el mensaje del Reino y de la Gracia.
No podemos traer a todo el mundo a la Iglesia, más bien debemos llevar al mundo la Iglesia. Son tiempos en que la Iglesia debe ir al mundo. Debe Ir en una búsqueda de todos aquellos que están necesitados de Dios. Sin importar quién nos critique. Esto no es carta abierta para que los jóvenes se metan a centros de Table Dance a predicarles a las chicas. Eso tampoco estoy diciendo. Lo que estoy diciendo es que nos salgamos un poco de nuestras burbujas cristianas para poder alcanzar a los perdidos.
Yo creo que en esa mesa de Leví había gente con fama de borracha y de vidas desenfrenadas. Es más no dudaría que había gente que estaba tomando alcohol. Pero Cristo se estaba acercando a ellos para sanarlos. Los fariseos se creían tan justos que pensaban que no necesitaban de nadie para ser “más santos”.
Tengamos mucho cuidado que una vez que ya entregamos nuestra vida a Cristo creamos que somos tan santos que no podemos relacionarnos con los pecadores. Ciertamente somos santos, tanto que podemos relacionarnos de cerca con nuestro Padre. Pero es necesario llevar esa santidad a otros, estén donde estén. Porque una cosa es ser santo y otra muy diferente es creer que por relacionarnos con pecadores nos vamos a manchar de sus pecados. Su pecado no tiene la fuerza para mancharnos, pero nuestra santidad si tiene la fuerza para convertirlos.
Quiero enfatizarlo; no estoy diciendo que debemos ir a lugares promiscuos a evangelizar. Estoy diciendo que debemos de salir de nuestras cuatro paredes de “protección santa” y debemos relacionarnos con el mundo con el objetivo de presentarles las buenas nuevas.
Armando Carrasco Zamora
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