lunes, 27 de octubre de 2008

Es tu Papá. Lucas 3:21-22

“Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” Lucas 3:21-22

Este relato está muy esperanzador e impresionante. Empezamos viendo que ya había un furor en el pueblo judío por bautizarse. Todo mundo quería hacerlo, había un hambre y expectativa por lo que Dios estaba haciendo que todo mundo corría a bautizarse. La única forma que había en ese momento era bautizarse, muchos de ellos conocían a la perfección lo que la ley exigía para estar a cuentas con Dios, pero con el pasar de los años se daban cuenta que no era suficiente, que llevar un sistema religioso bastaba para estar bien con Dios, y ahora que se presenta la oportunidad de restablecer su comunión con Dios la única manera que encontraban a la mano era el bautizo de Juan. Se preparaba el terreno para la manifestación de Cristo en la Tierra.

Y en medio de ese “mover” del bautizo de Juan, aparece Jesús y también se bautiza. Y dice la Biblia que estaba orando cuando sucedieron tres cosas tremendas, Punto uno dice que el cielo se abrió, en lo natural podemos interpretar que las nubes se hicieron a un lado o que resplandeció más el sol, pero creo sinceramente que se refiere a algo más que eso, el cielo se abrió nos habla de una actitud de Dios para con Jesús, diciéndole, Hijo mío este cielo es tu casa y todo lo que hay en él es para ti, a partir de hoy puedes hacer uso de todos los recursos que hay en el cielo.

Punto número dos
, dice que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma, esta parte del pasaje me fascina, porque vemos al Espíritu Santo entrar en acción y vemos que a partir de allí Jesús empieza a manifestarse a los hombres, ahora quiero hacer un comentario al margen, a través de toda la Biblia vemos que Dios se presenta al hombre de maneras muy diferentes una con otra y casi nunca se repite, se presentó como una zarza ardiendo, se presentó como una nube, como columna de fuego, como un silbo apacible, en fin de muchas maneras, y en esta ocasión no es la excepción y se presenta como paloma. Ahora bien, creo personalmente que Dios, al presentarse de maneras diferentes lo hizo para que el hombre no encajonara a Dios con un símbolo o imagen. Y siento que lo mismo hizo con la paloma, pero el hombre ha querido encajonar al Espíritu Santo con una paloma y ahora hay de todo tipo de souvenir con una palomita refiriéndose al Espíritu Santo. No estoy en contra de usar imágenes para comunicar algo, es más he escrito un libro acerca del asunto, sin embargo si estoy en contra de creer que el Espíritu Santo es una palomita. No, no y no. El Espíritu Santo es Dios y es una persona. Y está aquí en la tierra, es la promesa cumplida de que no quedaríamos huérfanos.

Punto tres, dice la Biblia que se oyó una voz del cielo que decía Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Dios confirmando su relación de Padre con Jesús. Vemos en los evangelios que Jesús nunca llamó a Dios por Jehová, sino que siempre le habló por “Padre”.

Ahora imagínate que un día se abran los cielos para ti, que Dios te de a entender que todos los recursos del cielo están disponibles, que se manifieste el Espíritu Santo en tu vida y que se escuche la voz diciéndote: Tú eres mi hijo amado; en ti tengo complacencia. Jesús ya recorrió el camino. Todo está listo para que busques a Dios como Papá. Te lo dejo de tarea.

Armando Carrasco Z.

lunes, 20 de octubre de 2008

Herodes y Herodías. Lucas 3:17-20

“Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo. Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho, sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.” Lucas 3:17-20


La primera parte de este versículo se refiere a un sistema para separar el trigo en el granero y dejar la paja aparte, los granjeros “aventaban” el trigo al aire y separaban la paja del trigo, por lo que Juan usó esta ilustración para hablar de la separación de los hijos de los hombres y los hijos de Dios, empezaba otro vislumbramiento del Reino, los nacimientos de los hijos de Dios.

Dice también que con otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo, Juan empezó el anuncio de las buenas nuevas. El fue el precursor de las buenas noticias para el hombre. Los judíos esperaban al Salvador de Israel pero Dios les dio algo mucho mejo, dio al Salvador del mundo y empezó un nuevo y mejor pacto. Las buenas nuevas eran acerca del nuevo pacto.

En este mismo pasaje vemos que Herodes encerró a Juan en la cárcel, se sabe que los “Herodes” eran toda una dinastía y este en particular coincidió su vida con las vida de Jesús por eso es muy mencionado en los evangelios, Herodes practicaba la religión judía por conveniencia pero realmente llevaba una vida para agradar a los romanos.

Herodes tuvo un primer matrimonio pero lo desbarató por unirse a su sobrina, Herodías, hecho que le causó muchos problemas, Herodías era muy ambiciosa y constantemente influía sobre Herodes para que hiciera cosas para engrandecerse, por ejemplo, en una ocasión lo convenció de que fuera a ver a Calígula para que lo hiciera Rey, pero sus planes salieron mal y empezó su caída.

Por otro lado Juan, cada vez que lo veía, le comentaba que no estaba bien que se uniera con su sobrina y esto hacía que lo odiara Herodías, así que cuando Herodías le pide la cabeza Herodes le cumple.

Aquí vemos una enseñanza muy clara, después de que Juan enseña sobre las buenas nuevas del Reino, este evangelio habla de Herodes, al principio del pasaje dice que separará la paja, y vemos que no importa si alguien “importante” que practicaba la religión judía, realmente lo que importa es el corazón y vemos que Herodes era parte de la paja que Jesús a su tiempo separaría.

Actualmente, hay mucha gente así, gente importante que en apariencia es buen devoto de una religión pero en su corazón y con su vida se puede ver que no conoce a Dios ni tiene temor de Él. No me refiero a aquellos que son hipócritas, me refiero a aquellos que llevan una vida públicamente doble, que asisten a sus reuniones religiosas públicamente y públicamente hacen lo contrario, son cínicos, que no les importa más que su bienestar egoísta.

Otro personaje que vemos es el de Herodías que influía tremendamente sobre Herodes. Y lo mismo en la actualidad vemos que una mujer puede influir para bien o para mal a un hombre. Cuando se juntan dos egoístas el resultado casi siempre es una relación como la de Herodes y Herodías. Que quiero sólo hacer lo que les conviene.

Hay un ley espiritual que dice que espíritus iguales se juntan, en lo particular creo que este pasaje lo confirma porque hasta son iguales en el nombre. Creo que todos llevamos un poco de Herodes en el corazón, y debemos eliminarlo. Ser egoísta en el Reino es imposible, la forma de vida Herodiana no cabe en el Reino. Donde una de los motores de acción es el amor y servicio a nuestros semejantes.

Armando Carrasco Zamora

lunes, 13 de octubre de 2008

Tu vida jamás será la misma. Lucas 3:10-14

“Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Lucas 3: 10-14

La expectativa es un terreno fértil para los milagros y las convicciones masivas. Siempre que Dios se ha movido se ha generado expectativa. La gente abre su corazón y su mente se prepara para recibir más de Dios. El diccionario dice que expectativa es la “Esperanza de realizar o conseguir algo y la posibilidad razonable de que algo suceda”. Entra en juego la razón, no sólo la fe. Por eso es que el ambiente se carga de posibilidades y entra después de ver lo que se logra con la fe.

El alma humana está preparada para esto, para generar expectativa, de hechos que hemos visto y que sabemos que pueden suceder otra vez, en este caso, Juan había estado hablando fuertemente al pueblo judío y estaban sucediendo muchas cosas con esos sermones, la gente quería comprometerse a buscar nuevamente a Dios y le preguntaban que qué hacían con sus vidas. Y en ese ambiente de expectativa se hacen una pregunta en sus corazones, no dice que le preguntan a Juan, sino que dentro de sus corazones se preguntaban si Juan sería el Cristo, el Salvador de Israel. Ellos tenían el conocimiento de que algún día vendría el Salvador y se estaba generando la expectativa para recibirlo. Jesús no vino sin expectativa.

El pueblo de Israel tenía una expectativa tremenda por recibirlo, obviamente se llevaron una sorpresa porque lo esperaban de otra manera, pero lo que nos ocupa en este espacio es que había mucha expectativa por recibirlo.

Juan alcanza a discernir lo que había en sus corazones y les contesta a su pregunta. Les dijo que él bautizaba en agua, pero que uno más poderoso que él bautizaría en Espíritu Santo y fuego. El jamás quiso ocupar la posición de “salvador de Israel”, él siempre le dio su lugar a Jesús y siempre como uno mayor que él. Creo que hoy en día deberíamos hacer siempre lo mismo. Siempre deberíamos darle el lugar que le corresponde a Cristo que Él sea Rey y Señor de nuestras vidas.

El bautizo de Juan se refería a un arrepentimiento, a partir de la ley, todavía no se manifestaba Jesús y todavía no empezaba el nuevo pacto, por lo que Juan usó el bautismo para atraer a la gente a Dios. Pero el mismo dice que el Cristo bautizaría en Espíritu Santo y fuego. Fue como una enseñanza de lo que pasaría con los creyentes.

Bautizo significa “sumergir completamente en” El bautismo no es un chorrito de agua en la cabeza, el bautismo es sumergirse completamente. Juan lo hacía con su gente y Cristo lo hace con los suyos. Cuando una persona nace de nuevo es sumergido completamente en Dios. No es una probadita es el total de lo que Dios nos da. Cuando Cristo se manifiesta en una persona lo sumerge al cien por ciento en Él.

Esta es una experiencia que ha cambiado millones de vidas desde hace más de dos mil años. Sumergirse en el Espíritu Santo ha cambiado muchas vidas, ha salvado personas, familias y países. No hay nada que pueda comprarse con esto. No hay religión en todo el mundo que pueda, no sólo prometer, sino experimentar esto. Porque no se trata de una experiencia “mágica” ni “ritual” se trata de una experiencia de acercamiento con el Dios vivo. Se trata de un contacto entre Dios y sus hijos. Y no un contacto leve o “light” se trata de un completo sumergirse en Él.

Dios no se anda con pequeñeces, cuando el da, lo da todo. Hasta su hijo, esa fue la prueba mayor que lo mucho que nos ama y de lo mucho que está dispuesto a darnos. Si nos ha dado a su hijo ¿qué más no nos dará?

Esta es la razón por la que muchos de nosotros quedamos cautivos en Él, después de un completo sumergirse en Él no podemos mas que quedar a sus órdenes al 100%, quedamos atrapados en su amor.

No dudes, déjate bautizar por Él. Sumérgete en el Espíritu Santo y fuego. Tu vida jamás será la misma.

Armando Carrasco Z.

lunes, 6 de octubre de 2008

¿Qué haremos? Lucas 3:10-14

“Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.” Lucas 3:10-14


Aquí se empezaba a vislumbrar parte de la economía del Reino. Porque mucho de la práctica de la religión judía de esos tiempos era mucho de guardar formas sólo para cumplir con los formatos establecidos por los hombres, pero se olvidaban de su prójimo. Llegó a ser más importante cumplir los formatos que ayudar al prójimo. Era más importante lo que la gente decía de la gente que el ayudarse entre sí.

Por eso cuando la gente le pregunta a Juan, movidos por una convicción interna muy fuerte, ¿qué haremos? Juan les responde que ayuden a su prójimo. No les dice quédense con nada pero ayuden a su prójimo, les dice si ya tienes suplida tu necesidad y la de tu familia, y tienes otra túnica más o más comida, entonces ayuda a tu prójimo.

Después vemos a otro grupo de personas, unos publicanos, que eran cobradores de impuestos, al principio los cobradores de impuestos eran respetables pero con el paso del tiempo se hicieron de mala fama por cobrar de más y abusar de la gente, y por otro lado cuando un publicano era judío, lo expulsaban de la sinagoga quedando relegado de la vida religiosa de ese tiempo. Por eso se puede entender que tenían una necesidad espiritual y se puede entender la respuesta de Juan, que les dice: No exijáis más de lo que os está ordenado. Este es otro principio del Reino, el principio de la integridad.

Más adelante vemos que hasta los soldados le preguntaron “¿qué haremos?” esto nos permite ver la calidad de unción que se cargaba Juan, que provocaba una reacción aún entre militares, afamados por su fuerte y reacio carácter. Y Juan inmediatamente les pide tres cosas 1) que no hagan extorsión, 2) que no calumnien y 3) que se contenten con su salario. Los rangos de autoridad militar sea la policía o cualquier otro sistema de protección o de guerra tienen una autoridad que mal empleada los lleva a abusar de su autoridad para generar más ingresos personales. Esto ha existido desde siempre.

Es curioso que los tres grupos de personas preguntaran los mismo “¿qué haremos?” como vimos en el estudio anterior es una pregunta común aún en nuestros días cuando nos topamos de frente con Dios. Tu vida no puede seguir igual después de un encuentro divino. No es posible ver y escuchar a Dios y seguir igual. La pregunta es natural pero lleva mucho de sobrenatural. ¿Qué haremos? Ahora bien ¿tú crees que ellos no sabían lo que debían hacer? Las respuestas de Juan en todos los casos fueron obvias. Porque ellos sabían lo que tenían que hacer pero no lo hacían. Tal ves ellos pensaban que Juan les pediría algún tipo de penitencia que se cuadrara más con su esquema religioso. Pero cuando Juan les pide cosas muy específicas coherentes con su vida diaria, creo que los sorprendió. Cuando tú le preguntes a Dios ¿qué haré? No te sorprendas si te pide cosas que tú sabes que tienes que hacer.

Yo no se si seas parte del gobierno, yo no se si seas parte del sistema militar o si eres un ciudadano civil, pero créeme hay una respuesta para ti. Ayuda a tu prójimo. Piensa en tu prójimo como si fueras tú mismo. Aclaro esto no es el hacer obras para alcanzar el cielo, es caminar en las obras como resultado de haber alcanzado el cielo. Las obras no te llevan al cielo, el cielo te lleva a las obras. Acuérdate que tus acciones determinan el reino al que perteneces. Una vez que ha caído en ti la convicción de que eres hijo entonces el camino es portarte como hijo. A Juan no le preguntaron ¿en que creeremos? ¿cuál es la nueva doctrina? ¿cuál es lo nuevo de Dios? Ya creímos, ya sabemos que somos hijos de Dios ahora la pregunta es ¿que haremos?

Armando Carrasco Z

lunes, 29 de septiembre de 2008

Ya lo hizo todo. Lucas 3:7-10

“Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: !Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos?” Lucas 3: 7-10

Aquí vemos varias cosas interesantes. La primera de ellas es que en ese entonces se acostumbraba bautizar a los gentiles que deseaban pertenecer a la religión judía, además de bautizarlos circuncidaban a los hombres. Por lo que se hace interesante que Juan bautizara a los judíos. Era algo así como decirles lo alejados que estaban de Dios que ellos mismos necesitaban bautizarse. Era decirles que ser hijos de Abraham no alcanzaba para estar bien delante de Dios. Juan podía ver la verdadera necesidad de una relación personal con Dios y su forma de confrontarlos era bautizándolos. Y generaba una convicción tal que muchos de ellos sí se bautizaban.

Los judíos de ese tiempo estaban seguros que por ser descendientes de Abraham tenían derechos y privilegios, su vista se había nublado tanto que no podían darse cuenta de cuán alejados de Dios estaban, conocían el lenguaje, conocían las reglas, conocían la ley, pero no conocían a Dios. Muchos de ellos confiaban sólo en las tradiciones de su descendencia.

La palabra “arrepentimiento” lleva un significado de “girar” algo así como dar vuelta en “u”. Lo que Juan les estaba diciendo era retornen, giren y regresen. El deseaba que entendieran que iban en camino opuesto al de Dios y quería hacerlos reaccionar para que regresaran a Dios.

Precisamente por eso se le conoce al bautismo de Juan como bautizo de arrepentimiento. En ese momento no se había manifestado Jesús el Cristo, y el camino para encontrar a Dios a través del arrepentimiento, la gracia redentora del Padre todavía no se manifestaba, en ese entonces era necesario el arrepentimiento, el girar de su vida sistemática, de su vida religiosa y volverse a su Dios.

Probablemente Juan se refiera a ese árbol en el que el hacha está puesta al pueblo de Israel, que estaba listo para ser cortado, estaba a punto de finalizar el pacto de Dios con ellos y no faltaba mucho. Ya se acercaba el tiempo cuando Jesús se manifestaría como salvador de las naciones y empezaría un nuevo pacto, dando por terminado el antiguo pacto.

Juan estaba presenciando en su espíritu el final del pacto que Dios tenía con los judíos. Y no podía menos que hablarles duro y fuerte y muchos reaccionaban, tal vez no alcanzaban a darse cuenta de la magnitud de lo que pronto sucedería pero algo en su interior los redargüía y preguntaban angustiados “¿qué haremos?”

Actualmente podemos ver los mismos síntomas con la gente que no ha tenido un encuentro personal con Dios, y cuando les hablamos su espíritu reconoce la voz de su Padre y no sabe distinguir lo grandioso que está por suceder en su vida y sólo alcanza a preguntar “¿qué tengo que hacer?” sólo que ahora es diferente, ahora la gracia opera de manera definitiva y contundente y nuestra respuesta es “no tienes que hacer nada, Él ya lo hizo todo” sólo cree.

Armando Carrasco Z

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Los desiertos. Lucas 3:1-6

“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice:

Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
Todo valle se rellenará,
Y se bajará todo monte y collado;
Los caminos torcidos serán enderezados,
Y los caminos ásperos allanados;
Y verá toda carne la salvación de Dios.”

Lucas 3: 1-6

En este pasaje que prepara la presentación de Juan en su ministerio hace mención de los gobernantes políticos en esa época y hace mención de los gobernantes espirituales. Pero vemos algo curioso; el sumo sacerdote en el puesto era Caifás, pero su suegro, el cual había sido antes el sumo sacerdote, ahora era quien verdaderamente manejaba las cosas. Esto aclarará algunas cosas durante nuestro estudio de Lucas.

Dice la Biblia que siendo ellos los gobernantes tanto políticos como espirituales, vino palabra de Dios a Juan. Muchas veces va a venir palabra de Dios cuando se junten ciertas variables, en este caso no podemos ahondar mucho sobre el tema pero es claro que Dios quería dejar un mensaje cuando menciona la ubicación en el tiempo de los que gobernaban en ese entonces.

Y dice que la palabra que vino a Juan vino en el desierto. Esta palabrita no nos gusta nada de nada. Siempre que leemos desierto la leemos con mucho respeto y a veces hasta con temor. Porque nadie quiere estar en los famosos desiertos, sólo por confirmar “desierto” se relaciona con momentos, situaciones o circunstancias dolorosas y de soledad que debemos pasar en determinados tiempos. Puede ser una enfermedad, una situación económica difícil, un problema sentimental o familiar, bueno…hay un sin fin de desiertos. Pero aunque estos desiertos no nos gusta ni mencionarlos, cuando nos damos cuenta son tiempos donde Dios envía su palabra a nosotros, esto no quiere decir que no la envíe cuando no estamos en desierto, pero es muy común que Dios nos hable casi audiblemente cuando estamos en un o de ellos. Pareciera ser que el desierto es un excelente lugar para estar sensibles a Su Voz. Es un lugar donde no hay “distracciones” que nos desvíen de lo que Dios quiere que escuchemos. Eso es un desierto. Y lo curioso es que una vez que lo pasamos, vemos todo con otra perspectiva y hasta comentamos por todo lugar a donde vamos que “hemos pasado por un desierto”.

Sólo los que hemos pasado desiertos entendemos a profundidad lo que significa un desierto. En todos sentidos, desde lo que se sufre hasta lo mucho que se recibe. Hay ocasiones que la única manera en que podamos atender la voz de Dios a plenitud es estando en un desierto. Escuchamos su voz los domingos pero no provoca cambios, escuchamos su Voz mientras oramos y leemos pero no pasa nada entonces vamos al desierto y allí estamos listos para que la voz de Dios venga a nosotros.

A un desierto no puedes ir por tu voluntad, a un desierto llegas sin que tú quieras. De repente te encuentras en ese lugar con sol, cansado con sed y con una tremenda soledad y desesperanza. Y de noche con frío y miedo. El tiempo pasa lentamente. Y de repente oímos Su voz y aunque estamos en un desierto todo cambia. Él nos sostiene y nos guarda y nuevamente cuando te das cuentas has salido del desierto. Con una perspectiva de la vida y de tu situación completamente diferente. El desierto es un tiempo para estar a solas con Dios.

Armando Carrasco Z

lunes, 15 de septiembre de 2008

Crecimiento con sabiduría. Lucas 2:51-52

“Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” Lucas 2: 51-52

Después de todo la respuesta de Jesús a sus padres en el pasaje anterior no fue por “rebeldía”, empezaba a mostrar dónde estaba él para cuando alguien quisiera estar con Él. A primera instancia pareciera que fuera una respuesta rebelde pero aquí vemos que no es así, vemos que el estaba sujeto a ellos. El principio de la obediencia es piedra angular en Jesucristo y en su obra, porque hubo un momento en que la salvación de la humanidad radicó en su obediencia. Y desde niño vemos que fue obediente y sujeto a sus padres. Realmente lo que pasó en el templo fue para dar un mensaje: quien quiera hablarme sabe dónde encontrarme no es necesario “andar buscándome” como si él estuviera perdido. Él siempre ha estado donde debe estar, los perdidos somos nosotros.

En este pasaje dice que María guardaba todas estas cosas en su corazón, ni las desechaba pero tampoco las andaba publicando, ella vivió desde que el ángel Gabriel le dijo que se embarazaría y desde allí ella vio muchas cosas. Y todas, porque dice todas las guardaba. Creo que esto deberíamos aprenderle a María, porque muchas veces Dios nos deja ver algunas cosas espirituales pero suceden dos cosas; hay algunos que las desechan y otros que las publican. Creo que muchas de las cosas que Dios nos da, por un tiempo debemos guardarlas en nuestro corazón y a su tiempo sabremos qué hacer con eso que vimos.

Vemos que la parte final del versículo que dice que Jesús crecía en estatura y en sabiduría. Crecer en estatura sin sabiduría te lleva al fracaso, toda empresa, sea un negocio o un ministerio puede crecer en número (estatura) pero si no crece en sabiduría pronto tendrá problemas muy serios. El crecimiento sin sabiduría siempre genera problemas. Debemos desarrollar nuestro crecimiento junto con la sabiduría para que podamos establecernos mejor.

Y por último dice que crecía…en gracia para con Dios y para con los hombres. Esto es impactante por dos razones, la primera es que la gracia es desarrollable, una vez que la gracia llegó a tu vida puedes crecer en ella, o puedes estancarte. La gracia puede crecer. Eso no cabe en mi entendimiento, pero así es. Creo que se requiere de todo un libro para hablar de cómo crecer en la gracia. Pero por el momento nos quedamos con la enseñanza de que se puede crecer en la gracia.

Por otro lado vemos que también crecía en la gracia para con los hombres, por lo que vemos que hay dos tipos de gracia una para con Dios y otra para con los hombres. Por lo general cuando tienes la gracia de Dios, lleva una gracia delante de los hombres, pero muchas veces puedes tener gracia delante de Dios y no tener mucha gracia delante de los hombres por el tipo de cosas que haces. Una de ellas es por cosas que afectan a terceros, que son necesarias pero que a otros no les gusta, y la otra es en aquellas personas que cometen un pecado, que Dios los perdona, los restaura y los coloca en mejores posiciones que antes, en una total gracia de Dios. Pero el hombre sólo alcanza a perdonar (si acaso) pero no entiende la restauración completa. Y deja de generar gracia para esa persona. Esto sucede muy a menudo, me acuerdo de una frase que me impacta mucho: “Dios perdona y el hombre también. Dios olvida, el hombre nunca”.

Entonces, tenemos que esforzarnos en crecer en lo material, físico en estatura o número cuidando también el crecimiento de la sabiduría, y crecer en la gracia delante de Dios cuidando también crecer en la gracia delante de los hombres.

Armando Carrasco Z.