“Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y así mismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Él les dijo ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán.” Lucas 5:33
Hay un dicho que dice “Todo es cuestión de tiempo” y tiene más sabiduría que lo que aparenta tener. En este pasaje lo vemos perfectamente. Las personas religiosas pueden ser muy exactas en su apreciación de cómo se hacen las cosas pero pierden de vista el cuándo se hacen las cosas.
En muchas ocasiones hacer ciertas cosas no es lo que está mal, sino el tiempo en el que se hacen es lo que está bien o mal. El tiempo es el factor clave de cualquier mover de Dios. Poder identificar de manera precisa los tiempos de Dios es de las cosas que mayor prioridad debe tener nuestra vida.
En 1 de Crónicas 12:32 dice “De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos.” Estas personas entendían los tiempos. Ellos sabían cuándo se debían hacer las cosas. ellos sabían los tiempos de Dios. Estaban perfectamente sintonizados a sus tiempos. Esta es la parte clave para salir de la religiosidad. Entender los tiempos. La religiosidad genera ambientes donde todo se estanca. Todo se detiene, hay actividad pero no se avanza, hay programas pero no sucede nada de trascendencia, hay predicaciones, oraciones, cantos, pero el ambiente sigue igual. Y cuando se encuentra una beta donde Dios se está moviendo se sacude todo el mundo, hasta el pequeño mundo creado por los cristianos que detuvieron el tiempo con activismo. Todo el mundo voltea a ver el mover de Dios y le dicen a la gente que se está moviendo con Él…¿por qué no haces las cosas como se han hecho desde hace muchos años?
Jesús les responde ¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Exactamente lo mismo, les habla de los tiempos, hay momentos que no son para ayunar. Pero cuando somos envueltos en un manto de religiosidad, tendemos a perder de vista todo y queremos ayunar sólo porque así se ha echo por años.
El primer síntoma grave de ser religiosos es dejar de entender los tiempos. En todo su alcance. Cuando no tenemos la capacidad de entender los tiempos perdemos también la capacidad de estar con nuestro amado Dios. Simplemente porque nuestras fuerzas están enfocadas a hacer cosas, y no de saber dónde está Él. Entender los tiempos es nuestra brújula para localizar a Dios.
En este caso no tiene nada que ver la intención, todos los cristianos pueden tener la mejor de las intenciones pero si no entienden los tiempos y lo que está haciendo Dios, no podrán caminar a su lado, podrán ir atrás de Él, podrán ir adelantados, pero no podrán caminar a su lado. No entender no te quita el apellido, no entender no te excluye de su Reino, no entender sí te limita de ver las cosas que Dios está haciendo en el presente.
Jesús no les estaba diciendo si estaba bien ayunar o no ayunar, lo que les estaba enfatizando era que no era el tiempo de ayunar. Infinidad de veces nos sucede que nos ponemos a discutir doctrinas, moveres, teorías, y nos perdemos en discusiones interminables, que no nos hacen más que alejarnos de donde se está moviendo Dios. Cuando una doctrina te desvía de los tiempos de Dios, es mejor dejar descansar esa doctrina por un tiempo y ponerse a orar y buscar dónde perdimos el camino. Dios es más importante que toda doctrina. Dios es más importante que todo congreso, que toda reunión, Dios es lo importante, no hay otra cosa más importante que Él.
Armando Carrasco Z.
jueves, 29 de octubre de 2009
martes, 20 de octubre de 2009
Siempre con Él. Lucas 5:33
“Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y así mismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben?” Lucas 5:33
Es impresionante cómo se repite la historia vez tras vez. Empecemos por un hecho en particular, Juan en su momento representó todo un mover de Dios, todo un avivamiento. La gran mayoría de las personas de Jerusalén sabían quién era Juan. Fue un hombre de Dios importante en su momento. Hizo cosas que dejaron boquiabiertos a muchos.
Inclusive trajo nuevos conceptos, como el del bautismo. Era algo que se manifestó en ese mover de Dios. Recordemos que Juan tuvo un propósito bien específico, y era el de preparar el camino a Jesucristo, hizo toda una revolución en su momento.
Ahora bien, cuando llega Jesús trae consigo un nuevo mover de Dios. Con muchas cosas nuevas que la gente que vio lo que hacía Juan se quedaba boquiabierta, y tanto era su asombro que le preguntaron: ¿por qué tus discípulos no hacen lo mismo que hace Juan? Primero la gente se asombró con lo que hizo Juan pero después lo aceptó y lo institucionalizó. Lo hicieron regla, lo hicieron ley. Entonces cuando ven a Jesús hacer cosas diferentes pues lo relacionan con lo que ya conocían. Y fijémonos bien en este detalle; la gente relaciona lo que hacía Juan con lo que hacían también los fariseos. Los pone al mismo nivel. Una vez que la gente se acostumbra a la que Dios ha traído nuevo a la tierra lo hace religión. Los fariseos en ese entonces eran los religiosos de su época y Juan era la contraparte, pero en este momento de la historia la gente los pone en el mismo nivel.
Actualmente nos pasa lo mismo, cuando Dios trae un nuevo mover a la Tierra, al principio es tan novedoso que ofende hasta los mismos cristianos, pero con el paso del tiempo ya no espanta a nadie porque los mismos cristianos institucionalizan el mover de Dios lo meten en cuatro paredes, en lineamientos y reglas y termina por convertirse en una religión.
La gente cuando ve algo que Dios está haciendo nuevo lo primero que preguntan es que por qué no se hacen las cosas como se hacían antes, o por qué no se hacen las cosas como las hace tal o cual persona. Por la sencilla razón de que la gente hace muy fácil de un mover de Dios una religión.
La tendencia del hombre siempre es buscar caminos rutinarios que le faciliten las cosas. para el hombre es más fácil recorrer un camino ya hecho que abrir camino, mucho menos andar un camino en el que diario hay que hacer brecha.
Dios es un Dios de cambios. Y nosotros debemos ser hijos de cambios, acostumbrados a ellos. Esa debe ser nuestra forma natural de vivir. Buscar dónde se está moviendo Dios para movernos con Él. Los militares son removidos constantemente en diversas partes de la república y en algunos ejércitos, del mundo, los hijos de militares cambian tanto de ciudades y de escuelas que se crean con una cultura de cambio. No sólo están preparados al cambio, sino que están habituados al cambio. Cuando se estacionan más de un tiempo en algo, buscan la forma de cambiar. No pueden acostumbrarse a vivir rutinas. Habrá sus excepciones, como en todo, pero es un ejemplo claro de lo que debemos buscar. Nosotros somos hijos de un Dios militar, de un Dios guerrero. Y nosotros como sus hijos debemos estar habituados a los cambios.
Nuestra pregunta diaria debe ser: ¿dónde estás Dios? Porque quiero estar allí. Perfectamente a tu lado. En las mismas coordenadas al mismo tiempo. En ningún otro lugar. Siempre contigo.
Armando Carrasco Z
Es impresionante cómo se repite la historia vez tras vez. Empecemos por un hecho en particular, Juan en su momento representó todo un mover de Dios, todo un avivamiento. La gran mayoría de las personas de Jerusalén sabían quién era Juan. Fue un hombre de Dios importante en su momento. Hizo cosas que dejaron boquiabiertos a muchos.
Inclusive trajo nuevos conceptos, como el del bautismo. Era algo que se manifestó en ese mover de Dios. Recordemos que Juan tuvo un propósito bien específico, y era el de preparar el camino a Jesucristo, hizo toda una revolución en su momento.
Ahora bien, cuando llega Jesús trae consigo un nuevo mover de Dios. Con muchas cosas nuevas que la gente que vio lo que hacía Juan se quedaba boquiabierta, y tanto era su asombro que le preguntaron: ¿por qué tus discípulos no hacen lo mismo que hace Juan? Primero la gente se asombró con lo que hizo Juan pero después lo aceptó y lo institucionalizó. Lo hicieron regla, lo hicieron ley. Entonces cuando ven a Jesús hacer cosas diferentes pues lo relacionan con lo que ya conocían. Y fijémonos bien en este detalle; la gente relaciona lo que hacía Juan con lo que hacían también los fariseos. Los pone al mismo nivel. Una vez que la gente se acostumbra a la que Dios ha traído nuevo a la tierra lo hace religión. Los fariseos en ese entonces eran los religiosos de su época y Juan era la contraparte, pero en este momento de la historia la gente los pone en el mismo nivel.
Actualmente nos pasa lo mismo, cuando Dios trae un nuevo mover a la Tierra, al principio es tan novedoso que ofende hasta los mismos cristianos, pero con el paso del tiempo ya no espanta a nadie porque los mismos cristianos institucionalizan el mover de Dios lo meten en cuatro paredes, en lineamientos y reglas y termina por convertirse en una religión.
La gente cuando ve algo que Dios está haciendo nuevo lo primero que preguntan es que por qué no se hacen las cosas como se hacían antes, o por qué no se hacen las cosas como las hace tal o cual persona. Por la sencilla razón de que la gente hace muy fácil de un mover de Dios una religión.
La tendencia del hombre siempre es buscar caminos rutinarios que le faciliten las cosas. para el hombre es más fácil recorrer un camino ya hecho que abrir camino, mucho menos andar un camino en el que diario hay que hacer brecha.
Dios es un Dios de cambios. Y nosotros debemos ser hijos de cambios, acostumbrados a ellos. Esa debe ser nuestra forma natural de vivir. Buscar dónde se está moviendo Dios para movernos con Él. Los militares son removidos constantemente en diversas partes de la república y en algunos ejércitos, del mundo, los hijos de militares cambian tanto de ciudades y de escuelas que se crean con una cultura de cambio. No sólo están preparados al cambio, sino que están habituados al cambio. Cuando se estacionan más de un tiempo en algo, buscan la forma de cambiar. No pueden acostumbrarse a vivir rutinas. Habrá sus excepciones, como en todo, pero es un ejemplo claro de lo que debemos buscar. Nosotros somos hijos de un Dios militar, de un Dios guerrero. Y nosotros como sus hijos debemos estar habituados a los cambios.
Nuestra pregunta diaria debe ser: ¿dónde estás Dios? Porque quiero estar allí. Perfectamente a tu lado. En las mismas coordenadas al mismo tiempo. En ningún otro lugar. Siempre contigo.
Armando Carrasco Z
lunes, 12 de octubre de 2009
Vámonos al mundo. Lucas 5:27-28
“Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino pecadores al arrepentimiento.” Lucas 5:27-28
Cuando leemos estas líneas por primera vez nos indignamos y criticamos a los fariseos y a los escribas. Pensamos que estaban totalmente ciegos. Pero cuando nos va pasando el tiempo, cuando ya llevamos algunos años de cristianos, empezamos a dejar formar en nosotros una personalidad farisea. Todo el mundo que nos rodea es “cristiano”, nuestros amigos, nuestros compañeros, la escuela de nuestros hijos, los deportes, los tiempos de esparcimiento, y a veces hasta nuestro trabajo, hacemos una burbuja “cristiana” aislándonos completamente del mundo y empezamos a criticar a aquellos que se relacionan en el mundo.
Estamos completamente aislados y no tenemos ninguna influencia sobre los que tienen una necesidad de Dios. Estamos en nuestro “mundito” y perdemos la capacidad de entender que Dios nos ha puesto en este mundo para darle sazón y de alterar el curso de la historia, cosas que no podemos hacer desde una burbuja cristiana.
El factor común con los fariseos de los tiempos de Jesús y los fariseos actuales es que se creen buenos y perfectos. Creen que son tan santos que no pueden mezclarse con la chusma. Y empieza un espíritu de crítica que los hace perder una correcta perspectiva de la vida y del mundo real y lo peor pierden de vista al Reino.
Creo que una buena forma de alterar el curso de la historia de nuestra familia, colonia y ciudad es ir a ellos, a los perdidos a los que se les llama comilones y bebedores. No debemos hacer lo que ellos hacen pero sí debemos ir a donde ellos están. No podemos aceptarles emborracharnos con ellos pero cuando tengamos la oportunidad debemos predicarles y presentarles el mensaje del Reino y de la Gracia.
No podemos traer a todo el mundo a la Iglesia, más bien debemos llevar al mundo la Iglesia. Son tiempos en que la Iglesia debe ir al mundo. Debe Ir en una búsqueda de todos aquellos que están necesitados de Dios. Sin importar quién nos critique. Esto no es carta abierta para que los jóvenes se metan a centros de Table Dance a predicarles a las chicas. Eso tampoco estoy diciendo. Lo que estoy diciendo es que nos salgamos un poco de nuestras burbujas cristianas para poder alcanzar a los perdidos.
Yo creo que en esa mesa de Leví había gente con fama de borracha y de vidas desenfrenadas. Es más no dudaría que había gente que estaba tomando alcohol. Pero Cristo se estaba acercando a ellos para sanarlos. Los fariseos se creían tan justos que pensaban que no necesitaban de nadie para ser “más santos”.
Tengamos mucho cuidado que una vez que ya entregamos nuestra vida a Cristo creamos que somos tan santos que no podemos relacionarnos con los pecadores. Ciertamente somos santos, tanto que podemos relacionarnos de cerca con nuestro Padre. Pero es necesario llevar esa santidad a otros, estén donde estén. Porque una cosa es ser santo y otra muy diferente es creer que por relacionarnos con pecadores nos vamos a manchar de sus pecados. Su pecado no tiene la fuerza para mancharnos, pero nuestra santidad si tiene la fuerza para convertirlos.
Quiero enfatizarlo; no estoy diciendo que debemos ir a lugares promiscuos a evangelizar. Estoy diciendo que debemos de salir de nuestras cuatro paredes de “protección santa” y debemos relacionarnos con el mundo con el objetivo de presentarles las buenas nuevas.
Armando Carrasco Zamora
Cuando leemos estas líneas por primera vez nos indignamos y criticamos a los fariseos y a los escribas. Pensamos que estaban totalmente ciegos. Pero cuando nos va pasando el tiempo, cuando ya llevamos algunos años de cristianos, empezamos a dejar formar en nosotros una personalidad farisea. Todo el mundo que nos rodea es “cristiano”, nuestros amigos, nuestros compañeros, la escuela de nuestros hijos, los deportes, los tiempos de esparcimiento, y a veces hasta nuestro trabajo, hacemos una burbuja “cristiana” aislándonos completamente del mundo y empezamos a criticar a aquellos que se relacionan en el mundo.
Estamos completamente aislados y no tenemos ninguna influencia sobre los que tienen una necesidad de Dios. Estamos en nuestro “mundito” y perdemos la capacidad de entender que Dios nos ha puesto en este mundo para darle sazón y de alterar el curso de la historia, cosas que no podemos hacer desde una burbuja cristiana.
El factor común con los fariseos de los tiempos de Jesús y los fariseos actuales es que se creen buenos y perfectos. Creen que son tan santos que no pueden mezclarse con la chusma. Y empieza un espíritu de crítica que los hace perder una correcta perspectiva de la vida y del mundo real y lo peor pierden de vista al Reino.
Creo que una buena forma de alterar el curso de la historia de nuestra familia, colonia y ciudad es ir a ellos, a los perdidos a los que se les llama comilones y bebedores. No debemos hacer lo que ellos hacen pero sí debemos ir a donde ellos están. No podemos aceptarles emborracharnos con ellos pero cuando tengamos la oportunidad debemos predicarles y presentarles el mensaje del Reino y de la Gracia.
No podemos traer a todo el mundo a la Iglesia, más bien debemos llevar al mundo la Iglesia. Son tiempos en que la Iglesia debe ir al mundo. Debe Ir en una búsqueda de todos aquellos que están necesitados de Dios. Sin importar quién nos critique. Esto no es carta abierta para que los jóvenes se metan a centros de Table Dance a predicarles a las chicas. Eso tampoco estoy diciendo. Lo que estoy diciendo es que nos salgamos un poco de nuestras burbujas cristianas para poder alcanzar a los perdidos.
Yo creo que en esa mesa de Leví había gente con fama de borracha y de vidas desenfrenadas. Es más no dudaría que había gente que estaba tomando alcohol. Pero Cristo se estaba acercando a ellos para sanarlos. Los fariseos se creían tan justos que pensaban que no necesitaban de nadie para ser “más santos”.
Tengamos mucho cuidado que una vez que ya entregamos nuestra vida a Cristo creamos que somos tan santos que no podemos relacionarnos con los pecadores. Ciertamente somos santos, tanto que podemos relacionarnos de cerca con nuestro Padre. Pero es necesario llevar esa santidad a otros, estén donde estén. Porque una cosa es ser santo y otra muy diferente es creer que por relacionarnos con pecadores nos vamos a manchar de sus pecados. Su pecado no tiene la fuerza para mancharnos, pero nuestra santidad si tiene la fuerza para convertirlos.
Quiero enfatizarlo; no estoy diciendo que debemos ir a lugares promiscuos a evangelizar. Estoy diciendo que debemos de salir de nuestras cuatro paredes de “protección santa” y debemos relacionarnos con el mundo con el objetivo de presentarles las buenas nuevas.
Armando Carrasco Zamora
martes, 29 de septiembre de 2009
Cuando Él te llama. Lucas 5:27-28
“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.” Lucas 5:27-28
Leví se convertiría en uno de los doce apóstoles. Y todo comenzó con este llamado. Tan peculiar. Cuando Jesús lo ve cobrando impuestos lo llama y Leví obedece. Pero hay muchas cosas atrás de este pequeño pasaje.
Ser cobrador de impuestos no era nada carismático, pagar impuestos nunca ha sido del agrado del pueblo, pero en la posición de este Leví era más acentuado, porque en ese entonces era mal visto que alguien del pueblo judío le cobrara los impuestos a los judíos. Se ha llegado a comentar que inclusive los tenían al margen de sus prácticas religiosas porque consideraban que estas personas estaban fuera del pacto. En estos pasajes relacionan publicanos y pecadores sin hacer distinción. Y Leví era un trabajador público. Era mal visto por los judíos.
Pero cuando Jesús lo vio pudo penetrar hasta su corazón y lo llamó. No le importó lo que le dijeran Él llamó a un publicano cobrador de impuestos. Estos cobradores tenían una mala fama de corrupción. Y curiosamente cuando Leví se convierte en apóstol se le llama Mateo, que quiere decir dádiva. Mateo se convirtió en un regalo para la Iglesia. De ser un cobrador de impuestos y vivir en medio de un mundo corrupto, se convierte en una dádiva para la Iglesia. Así hace las cosas Jesucristo.
Por toda la Biblia encontramos casos en los que un encuentro divino hace que el nombre de la persona cambie, desde Abraham hasta Pablo. Vemos el mismo patrón. Una visita divina cambia el destino de una persona, tanto que hasta Dios le cambia el nombre. Tal vez en nuestra época no se haga un cambio de nombre pero si hay un cambio de destino. Cuando Dios nos visita nuestras personas cambian y nuestros destinos también.
Antes practicábamos las peores cosas de la vida y cuando conocemos a Jesucristo cambiamos radicalmente. Antes estábamos inmersos en un mundo de corrupción hoy, somos santos. Antes nos llamaban adúlteros, ladrones, mentirosos, hoy Dios nos cambia el nombre y nos llama “Regalo” o “Dádiva”. Los que nos rodean no lo creen, pero Él sí ha creído y nos ha cambiado de nombre.
En este pasaje vemos que Leví dejó todo para seguirlo. Creo que debemos imitarlo cuando Jesús nos llama. Debemos dejar todo lo que nos ata a una forma de trabajo. Cuando escuchamos la voz de Jesús llamándonos debemos inmediatamente dejar todo lo que nos ata y seguirlo. Leví no le dijo “déjame orar y pensarlo” o “déjame platicarlo con mi esposa” Hay llamados que deben ser inmediatos, llamados que deben tener un sin al momento. Esto no quiere decir que vamos a hacer cosas imprudentes, me refiero a llamados genuinos de Dios en los que sabes de que sabes que es Dios el que está llamándote.
El llamado de Dios implica un cambio interno, el cambio de nombre no es superficial, más bien es el resultado de los cambios internos que se generan cuando decidimos recibir a Cristo. Y más aún cuando nos pide hacer una tarea específica. Esos cambios internos son los que provocan un nuevo nombre. Un nombre de acuerdo al destino y la naturaleza de nuestro llamado. De nada serviría tener un nuevo nombre si no tenemos un propósito y un cambio interno.
Me imagino que la gente que conocía a Leví se quedaba sorprendida por el nuevo nombre que tenía. Tal vez conocían a Leví como una persona que pedía “dádivas” o mordidas como le decimos en México, y ahora en Cristo su nombre era dádiva. Qué ironía. Y tal vez la gente no se daba cuenta de los cambios internos que estaban produciéndose en él, sin embargo con el paso del tiempo nos damos cuenta que Mateo fue un verdadero regalo a la Iglesia y nos dejó por escrito un evangelio.
Armando Carrasco Z.
Leví se convertiría en uno de los doce apóstoles. Y todo comenzó con este llamado. Tan peculiar. Cuando Jesús lo ve cobrando impuestos lo llama y Leví obedece. Pero hay muchas cosas atrás de este pequeño pasaje.
Ser cobrador de impuestos no era nada carismático, pagar impuestos nunca ha sido del agrado del pueblo, pero en la posición de este Leví era más acentuado, porque en ese entonces era mal visto que alguien del pueblo judío le cobrara los impuestos a los judíos. Se ha llegado a comentar que inclusive los tenían al margen de sus prácticas religiosas porque consideraban que estas personas estaban fuera del pacto. En estos pasajes relacionan publicanos y pecadores sin hacer distinción. Y Leví era un trabajador público. Era mal visto por los judíos.
Pero cuando Jesús lo vio pudo penetrar hasta su corazón y lo llamó. No le importó lo que le dijeran Él llamó a un publicano cobrador de impuestos. Estos cobradores tenían una mala fama de corrupción. Y curiosamente cuando Leví se convierte en apóstol se le llama Mateo, que quiere decir dádiva. Mateo se convirtió en un regalo para la Iglesia. De ser un cobrador de impuestos y vivir en medio de un mundo corrupto, se convierte en una dádiva para la Iglesia. Así hace las cosas Jesucristo.
Por toda la Biblia encontramos casos en los que un encuentro divino hace que el nombre de la persona cambie, desde Abraham hasta Pablo. Vemos el mismo patrón. Una visita divina cambia el destino de una persona, tanto que hasta Dios le cambia el nombre. Tal vez en nuestra época no se haga un cambio de nombre pero si hay un cambio de destino. Cuando Dios nos visita nuestras personas cambian y nuestros destinos también.
Antes practicábamos las peores cosas de la vida y cuando conocemos a Jesucristo cambiamos radicalmente. Antes estábamos inmersos en un mundo de corrupción hoy, somos santos. Antes nos llamaban adúlteros, ladrones, mentirosos, hoy Dios nos cambia el nombre y nos llama “Regalo” o “Dádiva”. Los que nos rodean no lo creen, pero Él sí ha creído y nos ha cambiado de nombre.
En este pasaje vemos que Leví dejó todo para seguirlo. Creo que debemos imitarlo cuando Jesús nos llama. Debemos dejar todo lo que nos ata a una forma de trabajo. Cuando escuchamos la voz de Jesús llamándonos debemos inmediatamente dejar todo lo que nos ata y seguirlo. Leví no le dijo “déjame orar y pensarlo” o “déjame platicarlo con mi esposa” Hay llamados que deben ser inmediatos, llamados que deben tener un sin al momento. Esto no quiere decir que vamos a hacer cosas imprudentes, me refiero a llamados genuinos de Dios en los que sabes de que sabes que es Dios el que está llamándote.
El llamado de Dios implica un cambio interno, el cambio de nombre no es superficial, más bien es el resultado de los cambios internos que se generan cuando decidimos recibir a Cristo. Y más aún cuando nos pide hacer una tarea específica. Esos cambios internos son los que provocan un nuevo nombre. Un nombre de acuerdo al destino y la naturaleza de nuestro llamado. De nada serviría tener un nuevo nombre si no tenemos un propósito y un cambio interno.
Me imagino que la gente que conocía a Leví se quedaba sorprendida por el nuevo nombre que tenía. Tal vez conocían a Leví como una persona que pedía “dádivas” o mordidas como le decimos en México, y ahora en Cristo su nombre era dádiva. Qué ironía. Y tal vez la gente no se daba cuenta de los cambios internos que estaban produciéndose en él, sin embargo con el paso del tiempo nos damos cuenta que Mateo fue un verdadero regalo a la Iglesia y nos dejó por escrito un evangelio.
Armando Carrasco Z.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Superando la ficción. Lucas 5:24-26
“Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando su lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas” Lucas 5:24-26
Ninguna película, ninguna ficción supera la realidad de Jesucristo. Se pueden hacer muchas historias de milagros y grandes acontecimientos pero experimentar en persona una sanidad divina es algo muy pero muy superior. Ver a Dios hacer milagros, es hacer efectiva la fe y es traer a vida la esperanza. Cuando vemos milagros nuestra fe se activa y nuestra esperanza se renueva. Yo se muy bien que no debemos promover poner la fe por los milagros, somos hijos de Dios por fe y no necesitamos de milagros externos para creer, de eso estoy completamente convencido. Pero aún así cuando sucede un milagro frente a nuestros ojos, la fe se afianza.
Y sucede algo más. brota en nosotros un temor dentro de nosotros por ver a Dios tan cerca y tan tangible. Aún los que viven por fe sin querer ver el poder de Dios ni milagros, cuando sucede un milagro auténtico y de gran magnitud, la constante es un temor de ver a Dios.
Dice la Biblia en este pasaje que esta gente que presenció el milagro estaban llenos de temor, y sí decían alabanzas y se maravillaban de las cosas que estaba haciendo Dios con ellos pero lo que sentían era temor. A veces se le ha querido decir que era un temor santo o que un temor reverente. Pero sinceramente creo que era temor a solas. Y no tiene nada de malo. A final de cuentas es un encuentro divino cercano. Un encuentro personal con Dios. Tener temor es lo más natural que le puede suceder a alguien normal. Se te vienen tantas cosas a la cabeza que empiezas a sentir un gran temor por lo que estás viendo.
Yo sé que muchos van a decir “ si tienes una buena relación con tu Padre…es imposible sentir temor…” y cosas por el estilo. Ya los quiero ver, cuando un muerto resucite y los vaya a visitar a su casa. Ya los quiero ver sin temor. En este caso el temor es algo natural. No tratemos de disfrazarlo como temor “reverente”. Es temor y punto. A través de toda la Biblia lo podemos ver. Cuando Dios se presenta con alguien y queda espantado, Moisés fue uno de ellos, los pastores cuando se les dio el aviso del nacimiento de Jesús, en fin hay muchos pasajes donde podemos ver el temor que genera ver cosas divinas. E insisto…no tiene nada de malo.
En lo particular creo que todos deberíamos experimentar ese temor. Creo que sería muy bueno tener experiencias divinas que provocaran ese temor en nosotros. A muchos nos hace falta. Porque a veces la rutina de la vida hace que parezca que Dios está demasiado lejos de nosotros. Pareciera que Él está muy lejos en el cielo y que de vez en cuando abre el sobre de nuestras oraciones, esa rutina que hace que los cristianos bajen la guardia en muchos aspectos de su vida. Una experiencia de este tipo creo que los activaría de nuevo. Sin embargo se que también Dios quiere que maduremos y que no estemos dependiendo de experiencias sobrenaturales para afianzar nuestra fe.
Es necesario saber que no tiene nada de malo sentir temor por ver las maravillas de Dios. Al fin y al cabo somos hombres y Él es Dios. Pero es más importante saber que Dios quiere que maduremos al grado de no necesitar experiencias maravillosas para alabarle. Podemos cantar alabanzas para exaltarlo sin tener que ver grandes maravillas. Él es Dios y es nuestro Dios. Él nos pide que le creamos, que seremos bienaventurados si le creemos, aún sin ver sus maravillas.
Alabarlo sin ver grandes maravillas, cantarle sin tener que sentir temor por verlo tan cerca es una de las grandes cosas que podemos hacer en la vida.
Armando Carrasco Z.
Ninguna película, ninguna ficción supera la realidad de Jesucristo. Se pueden hacer muchas historias de milagros y grandes acontecimientos pero experimentar en persona una sanidad divina es algo muy pero muy superior. Ver a Dios hacer milagros, es hacer efectiva la fe y es traer a vida la esperanza. Cuando vemos milagros nuestra fe se activa y nuestra esperanza se renueva. Yo se muy bien que no debemos promover poner la fe por los milagros, somos hijos de Dios por fe y no necesitamos de milagros externos para creer, de eso estoy completamente convencido. Pero aún así cuando sucede un milagro frente a nuestros ojos, la fe se afianza.
Y sucede algo más. brota en nosotros un temor dentro de nosotros por ver a Dios tan cerca y tan tangible. Aún los que viven por fe sin querer ver el poder de Dios ni milagros, cuando sucede un milagro auténtico y de gran magnitud, la constante es un temor de ver a Dios.
Dice la Biblia en este pasaje que esta gente que presenció el milagro estaban llenos de temor, y sí decían alabanzas y se maravillaban de las cosas que estaba haciendo Dios con ellos pero lo que sentían era temor. A veces se le ha querido decir que era un temor santo o que un temor reverente. Pero sinceramente creo que era temor a solas. Y no tiene nada de malo. A final de cuentas es un encuentro divino cercano. Un encuentro personal con Dios. Tener temor es lo más natural que le puede suceder a alguien normal. Se te vienen tantas cosas a la cabeza que empiezas a sentir un gran temor por lo que estás viendo.
Yo sé que muchos van a decir “ si tienes una buena relación con tu Padre…es imposible sentir temor…” y cosas por el estilo. Ya los quiero ver, cuando un muerto resucite y los vaya a visitar a su casa. Ya los quiero ver sin temor. En este caso el temor es algo natural. No tratemos de disfrazarlo como temor “reverente”. Es temor y punto. A través de toda la Biblia lo podemos ver. Cuando Dios se presenta con alguien y queda espantado, Moisés fue uno de ellos, los pastores cuando se les dio el aviso del nacimiento de Jesús, en fin hay muchos pasajes donde podemos ver el temor que genera ver cosas divinas. E insisto…no tiene nada de malo.
En lo particular creo que todos deberíamos experimentar ese temor. Creo que sería muy bueno tener experiencias divinas que provocaran ese temor en nosotros. A muchos nos hace falta. Porque a veces la rutina de la vida hace que parezca que Dios está demasiado lejos de nosotros. Pareciera que Él está muy lejos en el cielo y que de vez en cuando abre el sobre de nuestras oraciones, esa rutina que hace que los cristianos bajen la guardia en muchos aspectos de su vida. Una experiencia de este tipo creo que los activaría de nuevo. Sin embargo se que también Dios quiere que maduremos y que no estemos dependiendo de experiencias sobrenaturales para afianzar nuestra fe.
Es necesario saber que no tiene nada de malo sentir temor por ver las maravillas de Dios. Al fin y al cabo somos hombres y Él es Dios. Pero es más importante saber que Dios quiere que maduremos al grado de no necesitar experiencias maravillosas para alabarle. Podemos cantar alabanzas para exaltarlo sin tener que ver grandes maravillas. Él es Dios y es nuestro Dios. Él nos pide que le creamos, que seremos bienaventurados si le creemos, aún sin ver sus maravillas.
Alabarlo sin ver grandes maravillas, cantarle sin tener que sentir temor por verlo tan cerca es una de las grandes cosas que podemos hacer en la vida.
Armando Carrasco Z.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Vete a tu casa. Lucas 5:24-26
“Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la Tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando su lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios.” Lucas 5:24-26
Ahora estudiemos desde el punto de vista del enfermo. Ya vimos que era un paralítico que no podía moverse y dependía de sus amigos. Para poder llegar a ver a Jesús. Este paralítico tenía dos cargas en su vida, por un lado se enfermedad y por otro su pecado. Y de las dos cosas quedó libre después de la visita a Jesús.
Jesucristo le pide dos cosas a este paralítico después de decirle que se levante; primero le dice que tome su lecho. Su sanidad no requirió de terapias intensivas de recuperación. Cuando una persona se recupera de algún tipo de parálisis se necesitas mese y a veces años para una total recuperación. Pero en este caso la sanidad fue inmediata y completa, recordemos que este hombre estaba tan afectado por su parálisis que no podía valerse por el sólo. Tenía que estar acostado. Y aún así su sanidad fue completa e inmediata.
Por eso cuando Jesús le pide que tome su lecho, es tan asombroso verlo que no sólo se pudo levantar y caminar sino tomar su propio lecho. Y dejar bien claro la asombrosa sanidad que recibió. Por otro lado su lecho representaba toda su depresión que le generaba estar enfermo, ya que por mucho tiempo estuvo esclavizado a su lecho. El hecho de tomar esa cama con sus propias fuerzas significaba empezar a caminar en la libertad que Cristo le estaba dando. Y por otro lado, imagínate lo que habrá sentido la gente que no pudo ver el milagro en primera fila, cuando sale caminando por sus propios pies de aquella casa y cargando personalmente su propio lecho. Dice la Biblia al final de este pasaje que se fue “…glorificando a Dios.”
La otra cosa que le manda Jesús es que se vaya a su casa. No le pide que vaya al templo. No le pide que lo siga. Le pide que se vaya a su casa. Un enfermo de parálisis afecta todo el sistema operativo de un hogar. Porque todos tienen que ayudar al enfermo. Y por mucho que lo amen afecta a la familia. Por eso Jesús le dice vete a tu casa. Todos se pusieron muy felices al ver a este hombre sano.
La casa siempre ha representado el lugar donde encontramos seguridad, descanso, alegría, y muchas cosas necesarias para el sano convivio del hombre, aún estando enfermo la casa representa algo especial. Y Jesús quería que este hombre disfrutara ahora su casa estando sano. Por el hecho de ver que había hombres que se dispusieron a brincar todas las barreras con tal de que Jesús orara por él, nos indica que era un hombre muy querido y muy amado. Ese día nadie lo olvidó, ni él ni sus amigos ni su familia.
La casa es el primer punto para festejar nuestras liberaciones. Podemos compartir nuestra alegría con amigos en la calle, podemos hacerlo con los amigos del trabajo, pero donde más disfrutaremos de compartir nuestra libertad o sanidad es en la casa, con nuestra familia y con nuestros amigos íntimos.
El perdón de pecados y la sanidad de este hombre provocaron un grito constante de alabanza. Dice la Biblia que se fue a su casa glorificando a Dios. ¿has oído un “bendito sea Dios” dicho con el corazón? El ambiente cambia totalmente. Un corazón agradecido cambia el ambiente. Este pasaje de sanidad es uno de los más completos donde vemos, perdón de pecados, sanidad y agradecimiento.
Armando Carrasco Z.
Ahora estudiemos desde el punto de vista del enfermo. Ya vimos que era un paralítico que no podía moverse y dependía de sus amigos. Para poder llegar a ver a Jesús. Este paralítico tenía dos cargas en su vida, por un lado se enfermedad y por otro su pecado. Y de las dos cosas quedó libre después de la visita a Jesús.
Jesucristo le pide dos cosas a este paralítico después de decirle que se levante; primero le dice que tome su lecho. Su sanidad no requirió de terapias intensivas de recuperación. Cuando una persona se recupera de algún tipo de parálisis se necesitas mese y a veces años para una total recuperación. Pero en este caso la sanidad fue inmediata y completa, recordemos que este hombre estaba tan afectado por su parálisis que no podía valerse por el sólo. Tenía que estar acostado. Y aún así su sanidad fue completa e inmediata.
Por eso cuando Jesús le pide que tome su lecho, es tan asombroso verlo que no sólo se pudo levantar y caminar sino tomar su propio lecho. Y dejar bien claro la asombrosa sanidad que recibió. Por otro lado su lecho representaba toda su depresión que le generaba estar enfermo, ya que por mucho tiempo estuvo esclavizado a su lecho. El hecho de tomar esa cama con sus propias fuerzas significaba empezar a caminar en la libertad que Cristo le estaba dando. Y por otro lado, imagínate lo que habrá sentido la gente que no pudo ver el milagro en primera fila, cuando sale caminando por sus propios pies de aquella casa y cargando personalmente su propio lecho. Dice la Biblia al final de este pasaje que se fue “…glorificando a Dios.”
La otra cosa que le manda Jesús es que se vaya a su casa. No le pide que vaya al templo. No le pide que lo siga. Le pide que se vaya a su casa. Un enfermo de parálisis afecta todo el sistema operativo de un hogar. Porque todos tienen que ayudar al enfermo. Y por mucho que lo amen afecta a la familia. Por eso Jesús le dice vete a tu casa. Todos se pusieron muy felices al ver a este hombre sano.
La casa siempre ha representado el lugar donde encontramos seguridad, descanso, alegría, y muchas cosas necesarias para el sano convivio del hombre, aún estando enfermo la casa representa algo especial. Y Jesús quería que este hombre disfrutara ahora su casa estando sano. Por el hecho de ver que había hombres que se dispusieron a brincar todas las barreras con tal de que Jesús orara por él, nos indica que era un hombre muy querido y muy amado. Ese día nadie lo olvidó, ni él ni sus amigos ni su familia.
La casa es el primer punto para festejar nuestras liberaciones. Podemos compartir nuestra alegría con amigos en la calle, podemos hacerlo con los amigos del trabajo, pero donde más disfrutaremos de compartir nuestra libertad o sanidad es en la casa, con nuestra familia y con nuestros amigos íntimos.
El perdón de pecados y la sanidad de este hombre provocaron un grito constante de alabanza. Dice la Biblia que se fue a su casa glorificando a Dios. ¿has oído un “bendito sea Dios” dicho con el corazón? El ambiente cambia totalmente. Un corazón agradecido cambia el ambiente. Este pasaje de sanidad es uno de los más completos donde vemos, perdón de pecados, sanidad y agradecimiento.
Armando Carrasco Z.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Oración de gobierno. Lucas 5:24-26
“Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la Tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando su lecho en que estaba acostado, se fue a sus casa, glorificando a Dios.” Lucas 5:24-26
En esta parte del pasaje podemos aprender mucho de la oración gubernamental. La oración de gobierno se basa principalmente en tres puntos; primero en conocer la voluntad del Padre, segundo, en tener fe para saber que estamos orando por algo que Dios quiere y tercero hacer oraciones de mandato.
A veces oramos para que Dios bendiga lo que hacemos, y no pasa nada y a veces hacemos lo que Dios bendice y suceden las cosas aún sin que oremos. Simplemente porque estamos haciendo lo que Dios bendice. Estar en Su voluntad es ganancia. Ahora, saber su voluntad por lo que vamos a orar es un principio poderoso para tener oraciones respondidas. Jesucristo sabía exactamente lo que quería el Padre y oró de acuerdo a Su voluntad. Muchas veces alguien se nos acerca y nos pide que oremos por el o ella, y por inercia oramos, sin ni siquiera preguntarle a Dios cuál es su voluntad. No podemos decirle a la gente “no voy a orar por ti porque no es la voluntad del padre” pero si puede cambiar mucho qué oramos y cómo lo oramos.
Una vez que conocemos la voluntad de nuestro Padre entonces debemos orar con la fe de la seguridad que estamos orando de acuerdo a Su voluntad. Pareciera que al saber Su voluntad, inmediatamente tendríamos fe para orar o hacer las cosas de acuerdo a Su voluntad, pero no es así. Muchas veces conocemos Su voluntad y aún así no tenemos fe para seguir adelante. Una cosa es saber cuál es la voluntad de Dios y otra muy diferente es creer que Dios va a actuar. Una oración con fe es muy diferente a una oración de esperanza.
La oración de fe provoca que cuando oremos lo hagamos dando mandatos específicos. Jesús no oró diciendo “Padre, te ruego que tomes en cuenta mi oración y esperamos que por imponer las manos este hombre paralítico sane…” No, Él no oró así, él dio la orden, él dijo “Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”. Esa es una oración de gobierno. Es una oración que nos muestra todo un patrón. Debemos aprender mucho de este tipo de oraciones. Yo creo que Dios está esperando que oremos de esa manera, creo que cuando lo hagamos muchas cosas en este mundo van a cambiar. Y creo que cuando una persona empieza a orar de esta manera su entorno cambia dramáticamente.
Ojo; al estudiar estas líneas podemos emocionarnos y querer hacer sólo el punto tres y vamos a estar orando dando órdenes por todos lados. Pero recuerda que sólo es una parte de la oración gubernamental. La parte más importante es la de conocer la voluntad de nuestro Padre. Y para conocer la voluntad de Dios se requiere que lo conozcas, que sepas cómo piensa, cómo siente, que conozcas su voz. Requiere de llevar una relación de amistad con Dios. No es lo mismo pedir una cita con el presidente que hablarle por teléfono como amigo. Conocer la voluntad de Dios implica tener una relación personal con Él, verdadera, no sólo decir que somos cristianos y orar y leer la Biblia sólo cuando nos reunimos los domingos.
Tampoco quiero decir que la única forma de orar sea gubernamental. Hay varias clases de oración, que las veremos a lo largo de este estudio de Lucas.
Armando Carrasco Z.
En esta parte del pasaje podemos aprender mucho de la oración gubernamental. La oración de gobierno se basa principalmente en tres puntos; primero en conocer la voluntad del Padre, segundo, en tener fe para saber que estamos orando por algo que Dios quiere y tercero hacer oraciones de mandato.
A veces oramos para que Dios bendiga lo que hacemos, y no pasa nada y a veces hacemos lo que Dios bendice y suceden las cosas aún sin que oremos. Simplemente porque estamos haciendo lo que Dios bendice. Estar en Su voluntad es ganancia. Ahora, saber su voluntad por lo que vamos a orar es un principio poderoso para tener oraciones respondidas. Jesucristo sabía exactamente lo que quería el Padre y oró de acuerdo a Su voluntad. Muchas veces alguien se nos acerca y nos pide que oremos por el o ella, y por inercia oramos, sin ni siquiera preguntarle a Dios cuál es su voluntad. No podemos decirle a la gente “no voy a orar por ti porque no es la voluntad del padre” pero si puede cambiar mucho qué oramos y cómo lo oramos.
Una vez que conocemos la voluntad de nuestro Padre entonces debemos orar con la fe de la seguridad que estamos orando de acuerdo a Su voluntad. Pareciera que al saber Su voluntad, inmediatamente tendríamos fe para orar o hacer las cosas de acuerdo a Su voluntad, pero no es así. Muchas veces conocemos Su voluntad y aún así no tenemos fe para seguir adelante. Una cosa es saber cuál es la voluntad de Dios y otra muy diferente es creer que Dios va a actuar. Una oración con fe es muy diferente a una oración de esperanza.
La oración de fe provoca que cuando oremos lo hagamos dando mandatos específicos. Jesús no oró diciendo “Padre, te ruego que tomes en cuenta mi oración y esperamos que por imponer las manos este hombre paralítico sane…” No, Él no oró así, él dio la orden, él dijo “Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”. Esa es una oración de gobierno. Es una oración que nos muestra todo un patrón. Debemos aprender mucho de este tipo de oraciones. Yo creo que Dios está esperando que oremos de esa manera, creo que cuando lo hagamos muchas cosas en este mundo van a cambiar. Y creo que cuando una persona empieza a orar de esta manera su entorno cambia dramáticamente.
Ojo; al estudiar estas líneas podemos emocionarnos y querer hacer sólo el punto tres y vamos a estar orando dando órdenes por todos lados. Pero recuerda que sólo es una parte de la oración gubernamental. La parte más importante es la de conocer la voluntad de nuestro Padre. Y para conocer la voluntad de Dios se requiere que lo conozcas, que sepas cómo piensa, cómo siente, que conozcas su voz. Requiere de llevar una relación de amistad con Dios. No es lo mismo pedir una cita con el presidente que hablarle por teléfono como amigo. Conocer la voluntad de Dios implica tener una relación personal con Él, verdadera, no sólo decir que somos cristianos y orar y leer la Biblia sólo cuando nos reunimos los domingos.
Tampoco quiero decir que la única forma de orar sea gubernamental. Hay varias clases de oración, que las veremos a lo largo de este estudio de Lucas.
Armando Carrasco Z.
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