lunes, 28 de diciembre de 2009

Se vale consultar. Lucas 6:12-16

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.” Lucas 6:12-16

Ahora veamos otro lado del pasaje. Yo creo que esto no solo nos enseña a que debemos orar cuando tenemos frente a nosotros decisiones importantes. Yo creo que este versículo nos empuja. Si después de saber lo que hace Jesús seguimos tomando decisiones importantes sin consultar a Dios, creo que estaríamos en franca rebeldía.

La soberbia empieza precisamente en ese momento, cuando tienes una decisión importante y no lo consultas a Dios. Él tiene la respuesta exacta y precisa a ese asunto en particular. No consultarlo es creer que tú tienes más capacidad que Él.

Un engaño muy común es creer que a Dios no se le molesta con nuestros asuntos, pero la verdad es que la Biblia enseña lo contrario, Él quiere participar con nosotros, el nos programó de una manera en la que dependamos de Él.

Al no conocer nuestra constitución espiritual decidimos tomar las decisiones sin consultar a Dios y las cosas empiezan a salirse de control. Aún cuando por encima parezca que todo va bien.

Es obvio que no vas a consultarlo para toda decisión diaria, pero sí debes tomarlo en cuenta en las decisiones importantes de tu vida.

Es necesario inclusive, aprender a orar por largos momentos. No sólo debemos hacer oraciones de mañana antes de salir al trabajo y en las noches al acostarnos, eso está muy bien, pero también necesitamos aprender a apartarnos por periodos más prolongados. De horas tal vez y en algunos casos extremos de días.

Y créeme una cosa, nunca regresarás de eses momentos con las manos vacías.

Armando Carrasco Z.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Citas con Dios. Lucas 6:12-16

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.” Lucas 6:12-16

Este es un pasaje donde la enseñanza es muy clara acerca de algo que Jesús siempre hizo. Cada vez que debía tomar una decisión importante, se ponía a orar. Y no poco tiempo, sino toda la noche.

Es una enseñanza en la que nos permite ver su total dependencia de su Padre, Él sabía que cualquier decisión traería repercusiones eternas y no podía darse el lujo de fallar.

Lo primero que vemos es que se “…fue al monte a orar…” esto nos dice que apartó un tiempo específico para estar en oración. Seguro que Él mantenía una relación de todo el día con Dios, pero hubo momentos en los que fue necesario apartar un tiempo específico para orar.

Esto debemos aprender los cristianos, es muy bonito hablar con Dios y mantener una conciencia de Su existencia las veinticuatro horas del día, pero también es necesario tener tiempos dedicados exclusivos para Dios.

Tiempos que apartamos específicamente para estar con nuestro Papá. En los que hacemos a un lado todo y nos enfocamos al 100% a Dios. Estas son nuestras citas divinas con Él, en las que dedicamos nuestro tiempo a estar a solas con Él.

Y mira esto es necesario cuando debemos tomar algunas decisiones importantes, créeme que esto ayuda muchísimo, es más no deberíamos concebir la idea de tomar decisiones sin consultarlo. Sus consejos son valiosos pero más cuando en oración entendemos algún propósito divino en nuestras decisiones.

Pero también es increíblemente hermoso pasar ratos a solas con Dios por el puro gusto de estar con Él. Buscarlo no sólo cuando tenemos problemas, o cuando necesitamos dirección para una decisión sino solo para estar con Él.

Aprender a contemplarlo solo por lo que Él es. A maravillarnos de su presencia y su hermosura. Sin importar nada, absolutamente nada de nuestra vida. Sino sólo a disfrutar de su presencia.

Armando Carrasco Z

lunes, 7 de diciembre de 2009

Promotores no perseguidores. Lucas 6:6-11

“Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y lo acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Más él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa;¿Es lícito en día de reposo hacer el bien, o hacer el mal?¿Salvar la vida, o quitarla? Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. Y ellos se llenaron de furor; y hablaban entré sí qué podían hacer contra Jesús.” Lucas 6:6-11

Se enojaron. Es impresionante pero los fariseos se enojaron. Ellos que se decían conocer al Dios altísimo y ser hijos de Abraham. Se enojaron cuando Jesús hizo el bien a un pobre hombre que había sufrido mucho tiempo, tal vez toda la vida con su mano derecha seca.

El corazón de los fariseos estaba enfocado en las formas, estaban más pendientes si era sábado o no. Recordemos que la ley prohibía hacer determinadas cosas en sábado. Pero olvidaron que el hombre es más valioso que la Ley, olvidaron que la Ley se hizo para el hombre.

A Dios le importa más sanar a uno de sus hijos, que fijarse si es sábado. Eso es lo que quería enseñar Jesús. Él se dio cuenta que lo acechaban en esa ocasión no sólo para ver si podía sanar a este hombre sino para que cometiera “el gravísimo” error de sanarlo en sábado.

La mente de estos fariseos estaba completamente desenfocada de los propósitos divinos, no conocían el corazón paternal, amoroso y misericordioso de Dios. Ellos se habían hecho a la idea de que cumplir la Ley ero lo máximo para sus vidas, aún más que ser sensibles al corazón del Padre.

Aún hoy hay fariseos, como le estudiamos en el mensaje pasado. Estos fariseos buscan más que se cumplan las tradiciones, sin importarles el corazón del Padre. Se hacen insensibles a la voluntad del Padre sólo por cumplir a como de lugar las tradiciones.

Y créeme hay hombres allá fuera, viviendo todos los días con su dolor. Es tanto su dolor que el clamor de todos los días a Dios es “sáname” “por favor Dios que no aguanto más” y debemos estar en sintonía con ese dolor y sobre todo en sintonía con el corazón de nuestro Dios.

Este hombre que estaba en la sinagoga, seguro no le quitaba la mirada a Jesús, lo más probable él ya había escuchado del poder de sanidad que fluía de Jesús, y estaba atento a todo. Cuál sería su sorpresa cuando Jesús lo llamó y le pidió que extendiera su mano. Quedó sano. En un momento quedó completamente curado de algo que pareciera imposible curarse. Su vida cambió radicalmente en tan solo unos momentos. A él no le importo si era sábado o no, lo único que vio fue el amor que se hizo patente en el poder de Jesús. Yo creo que él no dijo “wow, me curó en sábado” no, no y no. Seguro que lo único que le importó es que ya estaba sano. Conoció a un Dios determinado en manifestar su misericordia.

A los otros no les importó la sanidad, sólo les importó que el milagro se haya hecho en sábado. A ese nivel estaba endurecido su corazón. Para ellos era más importante “guardar” el sábado que la sanidad del hombre.

Lo tremendo es lo que leemos al final de este pasaje: “…y ellos se llenaron de furor; y hablaban entré sí qué podían hacer contra Jesús.” Para ellos todo pasó a segundo término, su misión ya no era verificar si sanaba en sábado, su misión ahora era ver qué podían hacer contra Jesús.

Un corazón entenebrecido por el legalismo no sólo impide que Jesús se mueva en libertad mostrando misericordia, sino que es tal su afán de querer tener la razón que llega al grado de perseguir al mismo Dios.

Una meta que todos deberíamos ponernos en nuestra vida es ser sensibles al corazón de nuestro Padre y conocerlo más de cerca para ser promotores de Él y no perseguidores de Él.

Armando Carrasco Z.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Dios está vivo, que no se nos olvide. Lucas 6:6-11

“Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. Y lo acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. Más. él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa;¿Es lícito en día de reposo hacer el bien, o hacer el mal?¿Salvar la vida, o quitarla? Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. Y ellos se llenaron de furor; y hablaban entré sí qué podían hacer contra Jesús.” Lucas 6:6-11

Hay muchas cosas que podemos ver en este pasaje pero nos estacionaremos en dos puntos.

Primero, Una de las actividades que más hizo Cristo en la Tierra fue enseñar. Le gustaba enseñar lo que sabía y lo que conocía. Compartía sus conocimientos con todo mundo no sólo con sus apóstoles. En este pasaje vemos que enseñaba en el templo a toda la gente. En otros pasajes vemos que Cristo les explicaba cosas sólo a su equipo de apóstoles. Sea a unos cuantos o a todos, le gustaba enseñar.

Enseñar implica compartir lo que tenemos. Mucho de lo que aprendemos por experiencia en la vida se puede transmitir por la enseñanza. Cuando alguien enseña lo que ha aprendido muestra un corazón compartido, sensible a las necesidades de la gente. Ese es el corazón de Jesús, un corazón que no se guardó nada para Él, nos compartió todo, incluyendo su vida.

Y mucho de lo que nos compartió fue a través de enseñanzas. Muchas de sus enseñanzas de hace dos mil años, siguen cambiando vidas hoy. Son enseñanzas con verdades eternas que nunca pasan de moda y tampoco pierden poder.

Por lo que una de nuestras actividades debería ser; conocer todas las enseñanzas de Cristo, aplicarlas en nuestra vida y compartirlas.

Segundo punto, Él enseñaba no sólo con palabras, sino con ejemplos, independientemente de que toda Su vida fue una enseñanza, Nuestro Señor a veces usó ejemplos impresionantes como este donde a parte de enseñar con alguna palabra nos enseñó varias cosas más; una que Dios ama a la gente y que está por encima de cualquier formato religioso, por otro lado nos enseñó que salvar una vida es mucho más importante que guardar los rituales de los mismos formatos religiosos.

Cualquier formato religioso, sea cual sea, se mantiene operando con rituales y sistemas que muchas veces con el paso del tiempo seguirlos al pie de la letra son más importantes que hacer las cosas que Dios quiere que hagamos. Trabajamos para el formato y no para Dios.

Esto incluye a las denominaciones cristianas, empiezan con una pasión por seguir al Dios vivo y Dios los multiplica, pero conforme va pasando el tiempo esa pasión se convierte en formulismos y rituales, acabando por convertirse en una serie de mecanismos para continuar con el movimiento. Y cuando se presenta nuevamente Dios ya ni lo pueden reconocer, porque su mente se ha formateado de tal manera para hacer sólo lo que el manual de instrucciones de su congregación dice.

Los fariseos siempre han existido y todos absolutamente todos tenemos la posibilidad de convertirnos en uno de ellos. Ese es un peligro real. Yo creo que una de nuestras más apasionadas oraciones debería ser que nuestro Amado Padre nos libre de caer algún día en una religión que un día no pueda ni siquiera reconocerlo. Una cosa me queda clara, depende de nosotros.

Armando Carrasco Z

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hablar de Dios sin conocerlo. Lucas 6:1-5

“Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Porqué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? Respondiendo Jesús, les dijo:¿ Ni Aún esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” Lucas 6:1-5

Los fariseos nunca han dejado de existir. Son aquellas personas que viven para someter a otros a un sistema que requiere seguir formatos. Ellos hacen formatos de todo, una vez que tienen un formato buscan gente que se dedique en cuerpo y alma a seguir dichos formatos. Para ellos el formato lo es todo. Es su guía de vida y su manual de operación. Ay de aquél que no lleve a cabo los formatos en su vida.

Cuando ya tienes un formato establecido es muy fácil seguirlo, y es muy fácil identificar quién no lo sigue. Por eso es que para el fariseo el formato lo es todo.

En este pasaje vemos que Jesús y sus discípulos tuvieron hambre y cortaron espigas sin lavarse las manos, estaban unos fariseos observándolos y de inmediato los acusaron de no guardar el sábado.

Jesús con la misma Palabra les contestó lo que había hecho David. Y se enfocó directamente a Su Padre. Él estaba convencido que podía entrar a la “Casa de su Papá” y comer. ¡Era su casa!

Igual nosotros debemos caminar con plena certeza que podemos entrar a la casa de nuestro padre con plena confianza. No pensando en los protocolos. Mucho menos en los formatos. Es la casa de Papá y Él siempre nos dice “Bienvenidos”.

Los fariseos por lo general saben mucho de Dios, conocen muchos rasgos generales de Dios, es más enseñan de Él. Lo predican, pero hay un pero. No lo conocen, ni tienen una relación íntima con él. Y eso cambia todo.

La mejor forma de convertirse en un fariseo es llenarse de conocimiento de Dios sin conocerlo personalmente. Y por el contrario, el antídoto natural para evitar el fariseísmo es conocer personalmente a Cristo. De nada sirve mucho conocimiento si no lo conoces de manera personal, de nada sirven los institutos bíblicos sino se lleva una relación con Dios.

Dios no está buscando expertos en teología, está buscando hijos. A Dios le gusta cuando un hijo suyo lo busca sólo para decirle que tiene hambre y Dios le contesta “esta es tu casa, come lo que quieras”.

A veces después de tener un encuentro personal con Cristo, nuestra vida empieza a tomar un giro hacia el conocimiento. Aclaro tener conocimiento no es malo, es más creo que es necesario, pero lo que sí debemos tener cuidado es que no vayamos a intercambiar nuestra relación personal con Dios por conocimiento. La línea es muy delgada, porque como el tema es Dios, podemos pensar que esa es nuestra relación con Él. Puedes hablar de Dios sin conocerlo. Es mejor conocerlo para poder hablar de Él.

Armando Carrasco Z.

martes, 17 de noviembre de 2009

Se trata de las estructuras. Lucas 5:36-39

“Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego del nuevo; porque dice El añejo es mejor.” Lucas 5:36-39

Del vino nuevo lo podemos seccionar en dos partes. Una parte en todos los movimientos de Dios que tiene dentro del cristianismo universal y la otra en Reformas.

La primera me refiero a revelaciones divinas que afectan a toda la Iglesia, que “afectan” en el buen sentido de la palabra. Por ejemplo, el hablar en lenguas. Fue una revelación por parte de Dios que afectó el cristianismo en su momento. Muchas denominaciones no lo aceptaron y todavía no lo hacen, por muchas razones, una de ellas, es que para poder practicar el hablar en lenguas tendían que cambiar ciertas estructuras. Y esa simple razón impidió que el hablar en lenguas se introdujera en la mayoría de las congregaciones. Entonces esas verdades que Dios revela cada determinado tiempo necesitan un cambio de estructuras para poder saborear ese vino nuevo. En este renglón podemos ver que las estructuras que hay que cambiar no implica el cambio de todo el odre en cuanto a estructura, sino más bien odre de contenido.

Pero la otra parte son las reformas. En una reforma es más enfático el punto del cambio de odres porque se refiere a todo el sistema estructural de la Iglesia, en esta parte los cambios deben ser más dramáticos y profundos, en este cambio de odres no se puede “parchar” los odres, no se pueden tomar ciertas verdades y acoplarlas a la estructura establecida.

Por eso es que la Reforma actual que está viviendo la Iglesia, es una reforma de estructura. Mira cuando Paul Yongi Cho tuvo tanto éxito con su crecimiento “celular”, aquél de tener una reunión general y tener reuniones pequeñas en casa. Entonces la mayoría de las Iglesias del mundo quisieron imitar el modelo y lo adecuaron a la estructura de la iglesia y pasaron los años y no funcionó, sólo se quedó como una actividad extra de la iglesia. Por una sencilla razón. Se tenían que cambiar estructuras. La reforma actual de Iglesia requiere un cambio dramático de estructuras. No es suficiente con adoptar tendencias o modas para estar “a la vanguardia”, se requiere una estructuración nueva desde sus cimientos.

La Reforma actual es de estructuras. Principalmente la de cambiar el sistema sacerdotal a la del sistema del nuevo pacto. La iglesia adoptó un sistema sacerdotal que no ha sido quitado de la Iglesia. Lutero hizo un cambio de contenido pero dejó las estructuras sacerdotales. Y sobre esas estructuras sacerdotales se ha edificado la Iglesia por mucho tiempo.

Para poder entrar a la Reforma actual de Dios es necesario tirar todos los cimientos del sacerdocio unilateral para poder poner cimientos de sacerdocio de la Iglesia. No hay línea divisoria entre laicos y ministros. En el momento que hay profesionales para encargarse de los asuntos de Dios, en ese momento se relega el verdadero fundamento de la Iglesia, que es Cristo como Señor de ella. En el antiguo testamento se requería que una persona especial se encargara de los asuntos de Dios, pero en el nuevo pacto se nos enseña que cada uno de nosotros tenemos accesos directo a la presencia de nuestro Dios.

Esto no está peleado con las diversas funciones del cuerpo, en el que hay apóstoles, profetas, evangelistas pastores y maestros, sino que se manejan por función y no por título. Ellos son tan iguales como los otros cristianos. Lo único es que su función es diferente, no especial sino diferente.

Si queremos entrar en la nueva Reforma de Dios, tenemos que estar preparados para cambios radicales de estructuras.

Armando Carrasco Z.

lunes, 9 de noviembre de 2009

¿De qué cosecha eres? Lucas 5:36-39

“Les dijo también una parábola: Nadie corta un pedazo de vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego del nuevo; porque dice El añejo es mejor.” Lucas 5:36-39

La parte final de este pasaje es reveladora para entender algunos aspectos de la religiosidad. El hombre es un ser de costumbres, de todo hace una costumbre, por inercia lo hacemos. En todas las áreas de nuestra vida. Desde las cosas más simples hasta las más complicadas. Por ejemplo hacemos nuestra ruta para ir al trabajo y nos habituamos tanto a esa ruta que muchas veces cuando tenemos que ir a otro lado la inercia de la costumbre nos lleva por la ruta que hemos hecho un hábito. Las empresas hacen procesos de trabajo para mejorar la calidad y eficientar la producción, pero genera una forma de vida habitual que provoca que el personal haga su trabajo de manera mecánica. Y todos están felices, el trabajador la empresa.

Todo esto está muy bien. Pero cuando hay que hacer un cambio, todos explotan, porque por años han hechos las cosas de una manera y están habituados a trabajar de una manera y de una forma. Decir cambio para muchos es la peor tragedia que puede pasarles, para otros les da flojera para otros es un pretexto de rebelarse, en fin, cuando aparece en el horizonte la palabra cambio, entonces sale a relucir lo mucho que el hombre se habitúa a las costumbres.

En el cristianismo es igual. La gente cuando conoce a Jesucristo como su Señor y su Salvador, sin que se lo proponga empieza a vivir su vida de acuerdo a nuevos patrones de vida. Que con el paso del tiempo se convierten en hábitos y costumbres de vida. Y cuando aparece la palabra cambio se resisten al grado que se atreven a decir: “el vino añejo es mejor”, “Las cosas que hemos hecho desde hace mucho tiempo son mejores de lo que Dios está haciendo ahora”. Prefieren quedarse con un viejo vino por no cambiar sus viejas estructuras. Si para ellos disfrutar del vino nuevo es romper con sus estructuras pasadas, prefieren entonces, quedarse con el vino añejo y abiertamente dicen “este vino es el mejor para qué cambiar”.

Y Dios los respeta. y les sigue enviando el vino que su odre puede contener. Como dijimos en el pasaje anterior, Dios nunca les va a dejar de mandar su vino. Su odre tiene la capacidad de contender el vino que Dios les ha dado.

Pero si una persona quiere vino nuevo. Tendrá que sobreponerse a los cambios. Y entrar en el periodo de transición. Prepararse mental y espiritualmente para los cambios que suceden en el cambio de odre. No es fácil. Hay formatos en nuestro cristianismo que nos definen. Mucho de las estructuras que tenemos, se han impregnado tanto en nosotros que forman parte de nuestra vida. Y cuando nos enfrentamos a cambiar de odres, nos enfrentamos con asuntos de nuestra vida misma.

La estructura es tan importante como el vino. De primera instancia tendemos a decir “El vino es más importante que la estructura” pero cuando entendemos que sin la estructura no podemos tener vino, nos damos cuenta que el vino y el odre son inseparables. El vino conforma al odre y el odre indica el vino.

La pregunta es ¿de qué cosecha eres? ¿Cuál es el vino que contiene tu odre? ¿Tu estructura tiene la capacidad real de contener la verdad presente de Dios? Dime tu odre y te diré qué vino tienes. Puedes hablar mucho del vino nuevo. Pero otra cosa es saborear del vino nuevo.

Armando Carrasco Z